miércoles, 7 de octubre de 2015

Isabelle Teiseer / Quiero estar soltera, pero contigo

Melissa o el lugar del deseo
Medellín, 2015
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Isabelle Teiseer

QUIERO ESTAR SOLTERA, PERO CONTIGO


La carta de la escritora canadiense Isabelle Teissier, publicada inicialmente en The Huff Post Quebec, nos muestra una nueva manera de ver las relaciones de pareja, una manera bella y descomplicada.

Quiero que vayas a tomarte una cerveza con tus amigos, para que al día siguiente tengas resaca y me pidas que vaya a verte porque te apetece tenerme entre tus brazos y que nos acurruquemos. Quiero que hablemos en la cama por la mañana de todo tipo de cosas, pero algunas veces por la tarde; quiero que cada uno haga lo que quiera durante el día.
Quiero que me hables sobre las noches que sales con tus amigos. Que me digas que había una chica en el bar que te ponía ojitos. Quiero que me mandes mensajes cuando estés borracho con tus amigos para que me digas chorradas, sólo para que puedas estar seguro de que yo también estoy pensando en ti.
Quiero que nos riamos mientras hacemos el amor. Que empecemos a reírnos porque estamos probando cosas nuevas y no tienen sentido. Quiero que estemos con nuestros amigos, para que me cojas de la mano y me lleves a otra habitación porque ya no puedes aguantarte más y tienes ganas de hacerme el amor ahí mismo. Quiero intentar permanecer en silencio porque hay gente y nos pueden oír.

Triunfo Arciniegas / La sirena de agua dulce / Nueva versión de capítulo inédito

Manuscrito de "La sirena de agua dulce"
Versión 20, página 18
3 de octubre de 2015

Triunfo Arciniegas
Biografía
ADONAY SÓLO ERA DE ADONAY
Nueva versión

            No. Adonay no entregaría su voz, su dulce voz, por un par de piernas. No perdería la cabeza por un príncipe azul ni por ningún capitán portugués de ojos verdes.
            Adonay sólo era de Adonay.
Durante noches había seguido las luces de los barcos dormidos. Plácidas noches salpicadas de estrellas. Toda curiosa y algo fascinada, había seguido la música de las fiestas móviles de caballeros elegantes y mujeres locas. Los fuegos artificiales se confundían con las estrellas, y los pasajeros, despeinados y eufóricos, estiraban los brazos al cielo.
Adonay era feliz cuando alguna dama ebria arrojaba al mar collares y tacones. O pretendía lanzarse desnuda a las profundidades.
Adonay se reía como una loca cuando los caballeros arrodillados juraban amor eterno y sólo querían el consuelo de una noche. El amor era una estrella fugaz.
Noches plácidas y noches tormentosas.
Naufragios.
Adonay había visto descender al fondo de los mares los ahogados más bellos, con los corbatines intactos, los viejos músicos, todavía aferrados a sus instrumentos, y las mujeres, con todas sus joyas y los cabellos desplegados como medusas.
Y de tanta belleza, al final, sólo quedaban los huesos.



martes, 6 de octubre de 2015

Triunfo Arciniegas / Adonay sólo era de Adonay / Capítulo inédito

Manuscrito de "La sirena de agua dulce"
Versión 19, página 17
30 de septiembre de 2015

Triunfo Arciniegas
Biografía
ADONAY SÓLO ERA DE ADONAY

            No. Adonay no entregaría su voz, su dulce voz, por un par de piernas. No perdería la cabeza por un príncipe azul ni por ningún capitán portugués de ojos verdes.
            Adonay sólo era de Adonay.
Durante noches había seguido las luces de los barcos dormidos. Plácidas noches salpicadas de estrellas. Toda curiosa y algo fascinada, había seguido la música de las fiestas móviles de caballeros elegantes y mujeres locas.
Era feliz cuando alguna dama ebria arrojaba al mar collares y tacones. O pretendía lanzarse desnuda a las profundidades.
Noches plácidas y noches tormentosas.
Naufragios.
Adonay había visto descender al fondo de los mares los ahogados más bellos, con los corbatines intactos, los viejos músicos, todavía aferrados a sus instrumentos, y las mujeres, con todas sus joyas y los cabellos desplegados como medusas.
        Y de tanta belleza, al final, sólo quedaban los huesos. 



domingo, 4 de octubre de 2015

Triunfo Arciniegas / La sirena de agua dulce / 20 / Visitas


Triunfo Arciniegas
(Foto más o menos reciente)
Triunfo Arciniegas
VISITAS 

Solía acompañar a papá en las visitas. Subíamos al atardecer por un camino de piedra, entre ladridos y mujeres fisgonas que desconocían los zapatos y el peine, con algo de mercado, hasta Los Garabatos, mientras Pamplona, toda reposada, encendía sus luces. La casa, vieja y quejumbrosa, me aterraba porque en cualquier momento podía caernos del techo un alacrán en el hombro. Los gallinazos desordenaban las tejas y nunca faltaba una gotera en invierno. Los gallinazos y los gatos apasionados. La tía Teodora repartía tazas por toda la casa. El tintineo del agua me acosaba hasta en los sueños.
Algunas veces papá me mandaba solo, temprano, con un remedio de urgencia, y entonces regaba las matas, recibía una moneda y regresaba corriendo, perseguido por los perros.
Papá se llenaba los bolsillos de piedras para espantar los perros pero no me libraba de los alacranes. Pedíamos la bendición al cruzar la puerta. “Dios me los bendiga y les dé la salud”, decía la abuela, y nos dibujaba en el aire unas cuantas cruces. Aparte, la tía Teodora se quejaba con papá de los abusos de la abuela y, al quedar sola, la abuela renegaba del malgenio de la tía. Papá las disculpaba a ambas y les recomendaba paciencia. La tía Teodora nos ofrecía chocolate, recogía el alacrán de turno en un frasco y lo quemaba en el patio.
–Ya sólo me queda estirar la pata –decía la abuela.
Una vez que salí al baño en alpargatas, a oscuras, pisé un alacrán grande y el veneno del aguijón me hizo revolcar toda la noche. El baño era un cuarto estrecho al fondo del solar, un hueco pestilente abierto en la tierra, y me moría del terror porque lo confundía con la guarida de los monstruos. El dolor me derribó entre las matas. La tía Teodora capturó al alacrán en el frasco y papá me llevó en sus brazos a la cama de la tía. La abuela dijo que me frotaran el pie con alcohol y tabaco masticado, pero el alivio fue poco. Papá quería llevarme al hospital y la abuela no lo consideró necesario.
–Nadie se muere la víspera –dijo.
La tía encerró diez avispas vivas con el alacrán. Días después sacudió el frasco frente a mi cara y me preguntó si quería los cadáveres. Me horrorizó su expresión de regocijo.
La abuela discutía por cualquier cosa. “Sí, mamá”, decía papá a todo, pero la abuela, inconforme y terca, seguía alegando. “Ya está de peluquear ese mocoso, parece una niña.” Soplaba el chocolate y sorbía, sin moverme de la silla, mientras paraba oreja. “Sí, mamá.” ¿Con qué candela preparaban ese chocolate? “Esos calzones ya le quedan como para pasar el río.” Me quemaba la lengua y los ojos se me llenaban de lágrimas. “Miguel crece todos los días, mamá.” La abuela no podía levantarse y la cama le había despellejado la espalda. Un trapo apretaba su cabeza. Sus cabellos blancos se asomaban como dedos de fantasma.
–El sinvergüenza del Teodoro no manda ni para un remedio.
Se refería a mi abuelo Teodoro Buenaventura, quien, según las malas lenguas, vivía en Venezuela con una negra y media docena de hijos. El mismo Teodoro que alguna vez atormentó a la señorita Luisa Carlina Ibáñez.
Más treinta años después la abuela todavía renegaba.
Oíamos hablar del sinvergüenza hasta que nos levantábamos para despedirnos.
La abuela nos bendecía de nuevo.
Ahora que estaba muerta, papá prefería visitarla solo.

Triunfo Arciniegas
La sirena de agua dulce
Norma, Bogotá, 2001, pp. 69 - 72




sábado, 3 de octubre de 2015

Triunfo Arciniegas / La sirena de agua dulce / 14 / Adonay

Ilustración de Alekos

Triunfo Arciniegas
14
ADONAY
           
Los hombres buscaban el rastro de Adonay en secreto. 

Olían como perros las orillas del río. Escarbaban la tierra hasta lastimarse las manos, saboreaban la hierba y maldecían tanta desolación.

No decían nada en casa. Fingían dormir, estremecidos por el canto, y no decían nada. Les dolía el pecho de tanta ansia.

Se alejaban de casa, atormentados, y bebían en las cantinas hasta perder la cordura. Se ofendían, se golpeaban por cualquier motivo, y se dormían como animales sin dueño a la orilla del camino. Las mujeres los tocaban con la punta del pie para saber si habían muerto.

Cada hombre pensaba que era él a quien ella estaba buscando. 

Adonay no cantaba para nadie sino para ella misma. Cantaba porque no soportaba el impulso de su propio canto. Cantaba y su corazón se agitaba como un potro.

Pero los hombres no entendían y seguían buscando por las orillas.

Más allá del agua, invisible, como desde el otro lado del espejo, Adonay los veía con lástima infinita.


Triunfo Arciniegas
La sirena de agua dulce
Norma, Bogotá, 2001, pp. 47- 48




viernes, 2 de octubre de 2015

Triunfo Arciniegas / La sirena de agua dulce / 11 / Piedrecitas


Triunfo Arciniegas
11
PIEDRECITAS



Adonay juntaba las estrellas como piedrecitas, una detrás de otra, para volver a casa.

Triunfo Arciniegas
La sirena de agua dulce
Norma, Bogotá, 2001, p. 45



jueves, 1 de octubre de 2015

Triunfo Arciniegas / La sirena de agua dulce / 4 / La Llorona


Triunfo Arciniegas
4
LA LLORONA


Oían cantar a Adonay por las noches y la confundían con La Llorona. La gente de Monteadentro guardaba los niños temprano. La oían cantar y el corazón se les desleía de ternura. Las mujeres temían por sus hombres. Trancaban puertas y ventanas y esperaban que el canto se alejara río abajo.



Triunfo Arciniegas
La sirena de agua dulce
Norma, Bogotá, 2001, p. 25