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sábado, 1 de septiembre de 2018

Clarice Lispector / El primer beso



Clarice Lispector
EL PRIMER BESO

Más que conversar, aquellos dos susurraban: hacía poco que el romance había empezado y andaban tontos, era el amor. Amor con lo que trae aparejado: celos.
–Está bien, te creo que soy tu primera novia, me pone contenta. Pero dime la verdad: ¿nunca antes habías besado a una mujer?
–Sí, ya había besado a una mujer.
–¿Quién era? –preguntó ella dolorida.
Toscamente él intentó contárselo, pero no sabía cómo.
El autobús de excursión subía lentamente por la sierra. Él, uno de los muchachos en medio de la muchachada bulliciosa, dejaba que la brisa fresca le diese en la cara y se le hundiera en el pelo con dedos largos, finos y sin peso como los de una madre. Qué bueno era quedarse a veces quieto, sin pensar casi, solo sintiendo. Concentrarse en sentir era difícil en medio de la barahúnda de los compañeros.
Y hasta la sed había empezado: jugar con el grupo, hablar a voz en cuello, más fuerte que el ruido del motor, reír, gritar, pensar, sentir…
¡Caray! Cómo se secaba la garganta.
Y ni sombra del agua. La cuestión era juntar saliva, y eso fue lo que hizo. Después de juntarla en la boca ardiente la tragaba despacio, y luego una vez más, y otra. Era tibia, sin embargo, la saliva, y no quitaba la sed. Una sed enorme, más grande que él mismo, que ahora le invadía todo el cuerpo.
La brisa fina, antes tan buena, al sol del mediodía se había tornado ahora árida y caliente, y al entrarle por la nariz le secaba todavía más la poca saliva que había juntado pacientemente.
¿Y si tapase la nariz y respirase un poco menos de aquel viento del desierto? Probó un momento, pero se ahogaba en seguida. La cuestión era esperar, esperar. Tal vez minutos apenas, tal vez horas, mientras que la sed que tenía era de años.
No sabía cómo ni por qué, pero ahora se sentía más cerca del agua, la presentía más próxima y los ojos se le iban más allá de la ventana recorriendo la carretera, penetrando entre los arbustos, explorando, olfateando.
El instinto animal que lo habitaba no se había equivocado: tras una inesperada curva de la carretera, entre arbustos, estaba… la fuente de donde brotaba un hilillo del agua soñada.
El autobús se detuvo, todos tenían sed, pero él consiguió llegar primero a la fuente de piedra, antes que nadie.
Cerrando los ojos entreabrió los labios y ferozmente los acercó al orificio de donde chorreaba el agua. El primer sorbo fresco bajó, deslizándose por el pecho hasta el estómago.
Era la vida que volvía, y con ella se encharcó todo el interior arenoso hasta saciarse. Ahora podía abrir los ojos.
Los abrió, y muy cerca de su cara vio dos ojos de estatua que lo miraban fijamente, y vio que era la estatua de una mujer, y que era de la boca de la mujer de donde salía el agua.
Se acordó de que al primer sorbo había sentido realmente un contacto gélido en los labios, más frío que el agua.
Y entonces supo que había acercado la boca a la boca de la mujer de la estatua de piedra. La vida había chorreado de aquella boca, de una boca hacia otra.
Intuitivamente, confuso en su inocencia, se sintió intrigado: pero si no es de la mujer de quien sale el líquido vivificante, el líquido germinador de la vida… Miró la estatua desnuda.
La había besado.
Lo invadió un temblor que desde fuera no se veía y que, empezando muy adentro, se apoderó de todo el cuerpo y convirtió el rostro en brasa viva.
Dio un paso hacia atrás o hacia delante, ya no sabía qué estaba haciendo. Perturbado, atónito, se dio cuenta de que una parte de su cuerpo, antes siempre serena, estaba ahora en una tensión agresiva, y eso no le había ocurrido nunca.
Dulcemente agresivo, se hallaba de pie, solo en medio de los demás con el corazón latiendo pausada, profundamente, sintiendo cómo se transformaba el mundo. La vida era totalmente nueva, era otra, descubierta en un sobresalto. Estaba perplejo, en un equilibrio frágil.
Hasta que, surgiendo de lo más hondo del ser, de una fuente oculta en él chorreó la verdad. Que en seguida lo llenó de miedo y también de un orgullo que no había sentido nunca.
Se había…
Se había hecho hombre.


lunes, 30 de octubre de 2017

Juan Carlos Onetti / Los besos




Juan Carlos Onetti
LOS BESOS

Los había conocido y extrañado de su madre. Besaba en las dos mejillas o en la mano a toda mujer indiferente que le presentaran, había respetado el rito prostibulario que prohibía unir las bocas; novias, mujeres le habían besado con lenguas en la garganta y se habían detenido sabias y escrupulosas para besarle el miembro. Saliva, calor y deslices, como debe ser.
Después la sorpresiva entrada de la mujer, desconocida, atravesando la herradura de dolientes, esposa e hijos, amigos llorones suspirantes.
Se acercó, impávida, la muy puta, la muy atrevida, para besarle la frialdad de la frente, por encima del borde del ataúd, dejando entre la horizontalidad de las tres arrugas, una pequeña mancha carmín.


viernes, 15 de julio de 2016

Péter Esterházy / El húngaro que sonreía

Péter Esterházy

Péter Esterházy

El húngaro que sonreía

El escritor húngaro Péter Esterházy murió ayer a los 66 años

Juan Cruz
15 de julio de 2016

El caso de Esterhàzy, que acaba de morir en Budapest a los 66 años que cumplió en abril, era muy especial. Se reía (y se sonreía) de su sombra, que venía de un árbol plenamente aristocrático (lo describió en Armonía celestial, Galaxia Gutenberg, 2003) y de la mancha principal de su país en el siglo XX, el estalinismo y su comunismo intrínseco (descrito en Pequeña pornografía húngara, Alfaguara, 1992).


En Armonía celestial era ya el autor maduro, capaz de afrontar el pasado, hasta el siglo XVII, como si fuera hoy, y en Pequeña pornografía húngara era el autor que sonreía, y se reía, ante el espectáculo increíble de aquel comunismo de pacotilla que aún no había entregado la cuchara y que él afrontó con el humor que despertaban sus astracanadas.


Cuando, en 2004, con Armonía celestial aun caliente, recibió el premio de la Paz de los libreros alemanes, en la Feria de Francfort, se rio de la solemnidad del tiempo que vivíamos entonces, pero se puso serio ante una sola cosa: la guerra que había sonado con toda su tragedia y malaventura, en Irak, propulsada, como se ha confirmado ahora, por dirigentes fanáticos de sí mismos que pusieron al mundo en la vía del desastre que ahora anochece sobre Francia y sobre Europa.

Allí, ante aquel auditorio de intelectuales y libreros y políticos, aludió al hecho que estalló en Irak: “Sólo una línea: de siempre admiro a Estados Unidos, estoy contra de la guerra. Punto final”.


Era delicado, como su silencio sonriente. De entre los escritores que he conocido no fue solo el más sonriente (con Onetti, con Borges), sino el más solícito, el más tranquilo; su vecindad no era el ego, sino la broma, la amistad que partía de sus ojos grandes y claros. Su geografía humana estaba presidida por un pelo alborotado y bello que se peinaba con las manos como si estuviera describiéndolo.


Le gustaba el fútbol, porque en su familia aparte de aristócratas hubo también futbolistas; de la estirpe de Kubala, que era un tema de conversación cuando vino a Madrid en 1992, y cuando lo vimos varias veces en Fráncfort, en los bares chiquitos de aquellos hoteles. Esterhàzy tenía la preocupación del estilo en el fútbol, pero también en la vida. Elegante siempre, no se burló de lo serio sino de lo solemne. Aquel día en que recogió el premio de los libreros alemanes habló de la pena de Europa, que no había hecho los deberes en el siglo XX, lleno de sangre, y que inauguraba el siglo XXI (en ese entonces), sin sentimiento, sin energía.


En el Este los problemas se habían metido bajo la alfombra (“y ahora ni siquiera tenemos alfombra, nos la robaron los comunistas”) y en el resto de Europa se habían escondido los problemas, directamente, porque pareció que el único problema era castigar a Alemania por Hitler, así que “las cuentas con el pasado” no las hicimos todos, las hicieron, tan solo, los alemanes.


Parecía un pianista, un tipo que hubiera convivido con Beethoven… y con Kubala; había en él una armonía (una armonía celestial, probablemente) que se acentuó con el tiempo, aunque el tiempo pulió su rostro, lo hizo más terso, menos muchacho, más adulto. Pero ni ese contratiempo que finalmente lo venció le quitó la sonrisa con la que llegaba a los países (a España, por ejemplo) como si no tuviera que hablar para hacerse entender.


La sonrisa, la risa, eran su arma; su literatura fue, además, el alma de su casa y de su patria.

EL PAÍS



martes, 22 de diciembre de 2015

Carmen Balcells / Generosa y terrorista



Carmen Balcells

Generosa y terrorista

ROSA MORA 4 MAY 2000


Es una de las mujeres que menos habla (en público) y sobre la que más se habla, mal que le pese. El diario francés Le Monde ha escrito de ella: "Es astuta como una campesina, generosa como una madre de familia, dispuesta a defender a sus autores a base sobre todo de intuición". Tiene una formidable nariz que le ha hecho tener en cartera no sólo a casi todo el boom literario latinoamericano sino también a cuatro premios Nobel de literatura: Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Vicente Aleixandre y Camilo José Cela. La prestigiosa publicación especializada Publishers Weekly ha dicho que "es apasionadamente admirada u odiada, respetada o temida". Rosa Montero asegura que la hace "sentir Marilyn Monroe".Discreta, apasionada y contradictoria, dura como el diamante, llega a las lágrimas fácilmente. Algunas editoriales la han acusado de ser una terrorista editorial: afirman que las sumas escandalosas que suele pedir como anticipos hacen tambalear sus cimientos económicos. Para Carmen, los adelantos nunca son inimaginables ni astronómicos. "Me di cuenta del desnivel entre la capacidad de creación y su valoración en el mercado de trabajo en cuanto a retribuciones económicas", dijo en cierta ocasión.
Se ríe con humor cuando la llaman terrorista. Lo suyo, explicó hace más de 20 años, es promover la publicación de aquellos autores que, a su juicio, tienen valía literaria y controlar que las ediciones se hagan en condiciones mínimas de garantías para las obras de creación. Sabe que vende el producto más delicado de la Tierra: las palabras. "Me siento absolutamente solidaria con el autor". Fue la primera en introducir la cláusula de cesión por tiempo limitado de los derechos de un libro (generalmente cinco años). También ha sido la pionera en España en contemplar en un mismo contrato los derechos electrónicos, cosa que ya hizo antes con el cine o la televisión. Ha dedicado un montón de años a una lucha feroz para rescatar derechos cautivos con los que se había hecho alguna editorial para poder administrarlos casi de por vida: Juan Benet, Ana María Matute, Camilo José Cela, James Joyce o William Faulkner son algunos ejemplos.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Vargas Llosa / El jubileo de Carmen Balcells


El jubileo de Carmen Balcells
Por MARIO VARGAS LLOSA 
El País, 20 de agosto de 2000
Cuando la conocí, pronto hará de eso cuarenta años, llevaba en la cabeza un rodete de señora buena y era tan sensible que la menor contrariedad la hacía llorar como una Magdalena. Para entonces, ya había administrado una compañía teatral que desapareció antes de estrenar una pieza, exportado al mundo entero unas máquinas que ella llama telares (pero yo sé que eran trenes), y, de la mano del novelista rumano exiliado Vintila Horia, abierto una agencia literaria que desfallecía de inanición hasta que el joven Carlos Barral, flamante director literario de Seix Barral, le encargó que gestionara los derechos extranjeros de sus autores. Éste fue un momento providencial para Carmen Balcells, para los escritores de nuestra lengua y para la industria editorial de España y América Latina, principalmente, pero también la de otros países, que, a consecuencia de la intrusión en sus predios de este torbellino procedente de la Cataluña recóndita, experimentaría una transformación radical y sería poco menos que catapultada a la modernidad.

Carmen Balcells y Mario Vargas Llosa, 2005

Que esta afirmación parezca hoy exagerada da la exacta medida de lo profundos e irreversibles que fueron los cambios en las costumbres editoriales que la Mamá Grande de Barcelona -llamada también, a veces, la agente 007- provocó. A poco de iniciar sus tareas al servicio de Seix Barral, Carmen Balcells descubrió que la verdadera función de una agente literaria no era representar a un editor frente a otros editores, sino a los autores ante quienes los publicaban. Entonces, acudió donde Carlos Barral, y éste entendió (era, claro está, el único editor que hubiera podido entender una cosa así) y le devolvió la libertad y aceptó que, a partir de entonces, los contratos de edición los firmarían los autores, sí, pero las condiciones de cada contrato las discutiría la editorial con ella, la provincianita de Santa Fe.

martes, 29 de septiembre de 2015

Alberto Barrera Tyszka / Premio Tusquets de Novela 2015


Alberto Barrera Tyszka
Cúcuta, 2008
Fotografía de Triunfo Arciniegas

El venezolano Alberto Barrera Tyzka 

gana el Tusquets de Novela

El jurado valora de 'Patria o muerte' que cuenta Venezuela de modo poco complaciente


El escritor Alberto Barrera Tyzka, en noviembre de 2011 en Guadalajara (México). / RAFAEL DEL RÍO (DPA / CORBIS)
El escritor venezolano Alberto Barrera Tyzka ha ganado el XI Premio Tusquets Editores de Novela por su obra Patria o muerte, de la que el jurado ha valorado la "valentía de contar, desde las vivencias cotidianas de un grupo de personajes, la realidad venezolana de un modo poco complaciente". El jurado del galardón, presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Juan Trejo y Juan Cerezoha, este en representación de la editorial, ha destacado del libro su "absorbente ritmo narrativo, que refleja las angustias y complicaciones de unas vidas condicionadas por un país pendiente de un líder carismático".
Nacido en Caracas en 1960, Alberto Barrera Tyszka es autor de las novelas También el corazón es un descuido (2001), La enfermedad(Premio Herralde, 2006) y Rating (2011); y de los libros de cuentosEdición de lujo (1990), Perros (2006) y Crímenes (2009), así como de los poemarios Coyote de ventanas (1993) y Tal vez el frío (2000). Además, en colaboración con la periodista venezolana Cristina Marcano publicó la primera biografía documentada del presidente de Venezuela: Hugo Chávez sin uniforme. Una historia personal(2005).
Barrera es licenciado por la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, donde imparte clases en la cátedra de Crónicas. Durante años también ha ejercido de guionista para telenovelas de Venezuela, Argentina, Colombia y México; y colabora habitualmente con medios venezolanos y extranjeros como EL PAÍS,Letras Libres, Etiqueta Negra y Gatopardo, entre otros. Desde 1996 es columnista dominical del periódico El Nacional.
El premio para esta obra que se publicará en la Colección Andanzas de Tusquets el noviembre consiste en una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Camps y un anticipo sobre derechos de autor de 18.000 Euros, ha explicado la editorial. El número de manuscritos presentados a esta convocatoria fue de 570.
Entre los ganadores del Premio Tusquets Editores de Novela se encuentran Juan Trejo (2014), Ginés Sánchez (2013) Y Betina González (2012).


lunes, 21 de septiembre de 2015

Vargas Llosa / Carmen queridísima, hasta pronto

Muere Carmen Balcells
Mario Vargas Llosa y Carmen Balcells,
Fernando Vicente, 2010.
ADIÓS A CARMEN BALCELLS, LA IMPULSORA DEL 'BOOM' LATINOAMERICANO »

Carmen queridísima, hasta pronto

El escritor hispano peruano, premio Nobel, recuerda la figura de la agente literaria

  • Muere la agente literaria Carmen Balcells


La noticia me ha caído como un rayo; hace tres días estuve despachando, comiendo, cenando con ella y todo el tiempo tuve el siniestro presentimiento de que sería la última vez que la vería. Estaba siempre muy lúcida, llena de proyectos, realistas y delirantes. Como si fuera a vivir siempre. Pero su físico estaba realmente en ruinas y era imposible no preguntarse cuánto tiempo más esa ruina física seguiría sosteniendo a esa maravillosa cabeza y esa energía indómita.
Carmen Balcells revolucionó la vida cultural española al cambiar drásticamente las relaciones entre los editores y los autores de nuestra lengua. Gracias a ella los escritores de lengua española comenzamos a firmar contratos dignos y a ver nuestros derechos respetados. De otra parte, ella indujo y hasta obligó a los editores de España y de América Latina a volverse modernos y ambiciosos, a operar en el amplio marco de toda la lengua y a sacudirse la visión pequeña y provinciana que tenían.
Además, fue mucho más que una agente o representante de los autores que tuvimos el privilegio de estar con ella. Nos cuidó, nos mimó, nos riñó, nos jaló las orejas y nos llenó de comprensión y de cariño en todo lo que hacíamos, no sólo en aquello que escribíamos. Era inteligente, era audaz, era generosa hasta la locura, era buena y su partida deja en todos los que la conocimos y la quisimos un vacío que nunca nadie podrá llenar. Carmen queridísima, hasta pronto.

lunes, 29 de junio de 2015

Muere el escritor James Salter a los 90 años


James Salter

Muere el escritor James Salter 

a los 90 años de edad

Era uno de los escritores estadounidenses más poderosos y completos de las últimas décadas. Las dos palabras que mejor resumen su hacer son luminosidad y sensualidad.

    James Salter
    James Salter. / PASCAL PERICH
    James Salter (Nueva York, 1925), narrador norteamericano cuyas obran destacan por lo sutil y exquisito de su prosa, falleció el pasado viernes en su casa de Sag Harbor, apenas diez días después de haber cumplido noventa años. Su muerte ha cogido por sorpresa a sus más allegados, ya que tras una intervención quirúrgica rutinaria, el autor se recuperaba con perfecta normalidad. Tuve el privilegio de conversar con el novelista en su casa de Bridgehampton, en Long Island, con motivo de la publicación de Todo lo que hay (2013), su última novela, editada cuando Salter contaba 87 años de edad.
    Su forma física era entonces perfecta. Era un hombre elegante, atractivo, no muy alto, de mirada intensamente azul y postura de una firmeza que inevitablemente hacía recordar que siendo adolescente fue cadete en West Point, y posteriormente, piloto de guerra por espacio de 12 años. La experiencia del vuelo solitario, al margen de las connotaciones de lo que en su caso significó haber participado en un centenar de acciones de combate, dio lugar a algunas de sus páginas de mayor belleza y profundidad.

    Prosa luminosa

    Uno de los rasgos definitorios de su escritura es la luminosidad de la prosa; otro, la sensualidad con que celebra los más diversos aspectos de la experiencia humana. Salter representa el triunfo de la literatura en el sentido más auténtico, áspero e implacable de la palabra. Sus páginas son el resultado de una vida vivida sin filtros retóricos ni componendas artísticas. En los círculos literarios de Nueva York todo el mundo sabía perfectamente quién era, aunque durante años agentes y editores se desentendieran de él. Fue admirado sobre todo por sus colegas de oficio.
    Escribía lentamente, con extraordinario rigor y claridad, transmitiendo una jubilosa sensación de vitalidad y asombro ante el milagro elemental de la existencia. Novelas como Juego y distracción (1967), Años luz (1975), o la colección de cuentos La última noche (2005) llevan a cabo una disección de los aspectos más profundos e inquietantes del deseo sin parangón en la literatura de nuestro tiempo.
    Tras un silencio novelístico de 35 años, Salter publicó Todo lo que hay (2013), obra en la que se deshizo de la carga de preciosismo presente en sus obras más conocidas, logrando el punto de mayor depuración de su larga trayectoria literaria. Con esta novela tardía le llegó, por fin, un reconocimiento que ni había buscado ni estaba dispuesto a permitir que interfiriera con su vida. “Me siento atrapado”, confesó en su conversación conmigo. “Si me hubiera ocurrido en un momento anterior de mi vida, lo habría vivido de otro modo. La verdad es que a estas alturas todo eso me sobra”. En su juego de luces y sombras con la celebridad que le era hurtada, Salter desgranó a lo largo de los años un escogido número de títulos exquisitos que incluyen, además de las novelas mencionadas, libros de memorias (Quemar los días, 1997) y colecciones de relatos (Anochecer, 1988; La última noche, 2005).
    Para comprobar la grandeza y profundidad de su escritura es suficiente con leer el relato que da título a La última noche. En este cuento, de una sobriedad devastadora, el amor y la muerte se enfrentan de un modo que jamás se había visto antes en la literatura, mostrando simultáneamente la grandeza y mezquindad que a veces se asoman al horizonte de la pasión amorosa.

    El terreno de su ficción

    Tal vez no haya una palabra capaz de describir con precisión el territorio en que se mueve el escritor. A la pregunta de si la pulsión erótica era el centro de su obra respondió: “Escribir acerca de algo así exige un elevado grado de control y conocimiento. Hay que dar con el lenguaje adecuado. Lo que hago es genuino pero no tiene nada de mágico. Hay cosas que son totalmente tabú y está el peligro de convertir a los personajes femeninos en objetos. Es difícil sortear ese peligro porque a la hora de describir lo que sucede durante el encuentro físico entre los cuerpos, no se puede negar que tiene lugar un proceso de objetivación, no de un sexo u otro, sino del proceso en sí. Las diferencias entre el hombre y la mujer son reales, somos criaturas diferentes, eso es algo que existe en la realidad, algo que guarda relación con la forma de hacer y de sentir, y que hay que saber llevar a la página. Por supuesto, el amor tiene muchas facetas, pero ¿qué hay más profundo que el encuentro sexual en sí? Escribo acerca de lo que sé y de lo que siento y lo que he vivido, que es auténtico y genuino independientemente de que guste o interese”.



    viernes, 26 de junio de 2015

    Guillermo Martínez / Un escritor y sus registros




    Un escritor y sus registros

    Guillermo Martínez, ganador del Premio Iberoamericano de cuento Gabriel García Márquez que entrega la Biblioteca Nacional de Colombia, habló con Arcadia en Buenos Aires sobre sus nuevos proyectos y las ideas que rondan su escritura desde hace veinte años.
    Arcadia, 2015/06/16
    POR VICTORIA HOYOS

    Desde BUENOS AIRES
    Me tomo un café con Guillermo Martínez en un lindo bar del barrio porteño de Belgrano. La tarde está nublada pero él está muy tranquilo y conversamos fluidamente. Escritor y matemático, ha ganado diversos premios literarios como el Premio Hispanoamericano de Cuento García Márquez en Colombia con el libro de relatos Una felicidad repulsiva.
    Algunos críticos han dicho que los escritores siempre navegan sobre los mismos temas u obsesiones ¿cree que eso es verdad? Y si es así ¿Qué elementos recurrentes están en usted a la hora de crear?
    No creo que sea así, los escritores se pueden dividir en dos maneras. Están los que siempre tocan la misma tecla, manejando el mismo estilo y navegando en la misma zona y los escritores que intentan registros muy diferentes, como por ejemplo Thomas Mann, por dar un caso. Yo me siento identificado con la variedad de registros. En mis cuentos está el registro familiar, también el político, erótico, el género de terror. Mis novelas también son diferentes en ese sentido. La novela de iniciación fáustica llamada Acerca de Roderer, después una novela de escritores que es La mujer del maestro, una novela policial, cuasi inglesaCrímenes imperceptibles, luego una especie de policial psicológico abstracto que es La muerte lenta de Luciana B, y después una novela erótica que es Yo también tuve una novia bisexual.           
    Si reconozco una recurrencia en el sentido de que en todas mis novelas sigo lo que yo llamo una “línea teórica del conocimiento”, y hago pesar ese tema dentro de la trama dramática. Por ejemplo, enAcerca de Roderer cómo se podría recrear el mito fáustico en el mundo contemporáneo a través de las matemáticas.
    ¿Cuál tema disfrutas más, en dónde te sientes más cómodo?
    Me gustan las novelas donde hay escritores, porque me permiten naturalmente explicar algunas cosas sobre la literatura, pero a la vez pienso que allí hay algo de un perro que se muerde la cola, entonces a veces es mejor jugar con otros personajes. Me divertí mucho conCrímenes imperceptibles, pero con La muerte lenta de Luciana B pude finalmente aunar en diferentes mundos que había en mis novelas anteriores.


    Me llamó la atención en el cuento “Help me” del libro Una felicidad repulsiva, la vejez expuesta allí no solo como un elemento fantástico sino como aquella instancia triste de abandono y a la vez repulsión. ¿Era esa la intensión en ese cuento?
    Si, acá juego con algo que está en el borde de lo fantástico, algo cuasi vampírico. Esa mujer que de alguna forma en su aspecto exterior lograba disimular esa vejez, aunque algo se filtraba. En el momento crucial donde está en la cama y él ve su pubis blanco, algo que es de una vejez milenaria y que le da al protagonista terror y repulsión. Entonces, sin salir de lo real, es algo que le puede dar al lector diversas  fuertes sensaciones, quizá la mujer haya querido transmitir una regeneración de su juventud a través de una manera vampírica, pero en general la pretensión es ese contraste entre la belleza y el elemento de horror. 
    La composición de una novela comprende la búsqueda de un punto imaginario desde el que uno pueda divisar el todo. Es curioso, porque has dicho que imaginas tus novelas siempre desde el final ¿Tiene esto relación con las matemáticas o a qué crees que se deba esto?
    No, se debe a mi formación como cuentista, es claro eso. La gran mayoría de mis novelas se me aparecieron primero bajo la forma de un cuento. Después en el momento de escribir se fueron ampliando, aparecieron esos costados teóricos, dimensiones. Y cuando uno escribe un cuento, siempre imagina el final, o por lo menos en mí caso. Por eso están estructuradas de atrás hacia adelante. En los cuentos hay algo del arte del ilusionismo, algo falseado que el lector recibe en un primer plano, es un elemento ilusorio. Entonces lo que yo veo inicialmente es como los elementos van a distorsionarse. Justo en "Help me", sabía que el protagonista iba a sorprenderse en esa habitación viendo ese pubis canoso y que ese sería el elemento final del desenlace.
    Hablaste alguna vez sobre referentes literarios muy fuertes a la hora de escribir como Henry James, Mann, Capote ¿De los latinoamericanos, aparte de Borges quienes te han inspirado o a quienes admiras?
    Me gusta el cuentista uruguayo Heriberto Hernández, por supuesto Cortázar. Casi todos los escritores tenemos como un ADN de los rasgos de Cortázar, muy presentes Vargas Llosa, fue quien más me intereso del boom. Carpentier y García Márquez, sobretodo sus novelas cortas, muy cercanas al policial norteamericano como La Mala hora, o La Hojarasca.
    ¿A qué atribuye el éxito de sus obras?
    No sé si éxito, pero me sorprendió Crímenes imperceptibles, porque en ella quería mostrar el mundo de los matemáticos, como hablan, las clases de ideas que tienen y pensé que no sería una novela fácil de entender. Ahora la leen chicos que están en el secundario y los grandes. Pienso que allí el éxito está en poderla leer en diferentes niveles, un policial llano, como una reflexión epistemológica y a un nivel matemático, entonces le llega a diversos públicos. Después fue llevada al cine. Y Acerca de Roderer sigue reeditándose desde el 92, porque también le llega a chicos y a grandes, entonces ambas generaciones se identifican.
    ¿Ha sentido el terror de la página en blanco?
    No, he tenido más bien largos bloqueos, son momentos en que uno escribió algo y está a la espera de la buena continuación, quizás uno siente que la novela ya avanzó por un camino que quizás no sea el mejor, entonces no saber si retroceder, cambiar algo o arreglarlo más adelante. Sentís que fallan las transiciones, entonces está el cómo resolver esos momentos. Las dificultades a veces te dan soluciones más ingeniosas. Es decir, uno cree que las cosas van a ser de cierto modo, pero no y a la vez surge un giro que las hace mucho más interesantes.
    Yo ahí coincido con las matemáticas, con un teorema por ejemplo. Crees tener en la cabeza una demostración rápida y elegante, pero hay casos que no consideraste y no puedes resolverlo de inmediato, entonces debes ver como desmembrarlo, como encontrarle la solución. Hago como los guionistas, una especie de escaleta, a veces un capítulo se transforma en otra cosa. Y así no solo acelero los acontecimientos con este tipo de formato, los ordeno.
    ¿Estas ahora en algún proyecto?

    Ahora estoy con una novela larga, trata sobre los experimentos con los niños, para ver como aprenden. Es la historia de un chico que nace en una secta, hay un psicólogo que diseña algunos experimentos para ver cómo se forman algunos conceptos en la mente de los niños y el chico es el conejillo de indias de ese médico. Hará un recorrido sobre el tema de la inteligencia artificial y será entre los años sesentas y setentas.



    lunes, 3 de noviembre de 2014

    Cees Nooteboom / Alemania ha superado su pasado. España no.


    Cees Nooteboom: 

    “Alemania ha superado su pasado. España no”

    El autor holandés creció bajo la sombra de la ocupación alemana y se convirtió en referente europeo sobre Berlín, su pasado y sus misterios.

    Viajero, poeta y novelista incansable a sus 81 años, cuenta a Babelia por qué un escritor debe aprender a convivir con su silencio.




    Cees Nooteboom posa en el parque del Retiro de Madrid. /BERNARDO PÉREZ
    Podíamos haber abordado esta historia como se aborda la historia: con método, con ciencia, con especialistas. Habría sido interesante, académico, irrebatible y digno de alguna irreprochable tesis doctoral más, por qué no. Pero había otra opción: hacerlo de la mano de un poeta que jamás se graduó, que no pudo con las matemáticas y que, por no entenderlas, se inventó sus propias reglas, su lógica. Cees Nooteboom (La Haya, 1933) se bebió el mundo viajando, aprendió idiomas escuchando a camioneros que poco sabían de gramática mientras se licenciaba en baches haciendo autoestop y se convirtió en autor sin darse cuenta. Sin planes.
    Por eso, y porque escribió dos obras necesarias sobre Berlín y las cicatrices europeas (El día de todas las almas y Noticias de Berlín,ambas en Siruela), elegimos abordarlo a su manera.
    Cuenta Nooteboom que él vive la historia como una gran poesía de rimas que regresan y regresan, de acontecimientos que reflejan otros acontecimientos del pasado. La primera rima de su vida fue la guerra, cuando el niño Cees contempló de la mano de su padre la llegada de los alemanes a Holanda. "Los primeros alemanes vinieron del cielo; los siguientes, del agua, con el desaliño que es típico de la muerte. Solamente después vinieron por tierra, en largas filas grises". Eso y el bombardeo inglés que en 1945 mató a su padre fue el inicio de todo, de su perplejidad, de la incomprensión que le empujó a buscar explicaciones. Su siguiente rima fue Budapest, la represión soviética de 1956, que vivió in situ. Y la siguiente, la caída del Muro, que le sorprendió sin sorprenderle demasiado viviendo precisamente en Berlín. Y esa no fue sencilla.
    — Escribe que se complicó porque Alemania tenía que vérselas con dos pasados a la vez. ¿Ha logrado superar ambos pasados, digerirlos?
    — En cierta manera sí, pero hay mucha gente con pasados diferentes. Cuando cayó el Muro no solo había dos, sino tres y hasta cuatro pasados a la vez.
    Nooteboom habla cerca del Retiro, en Madrid, en un sábado fresco de pleno sol, y lo hace sin prisa, riendo cada dos por tres y en español, la lengua que practica en los meses de verano que pasa en su casa de Menorca, donde disfruta luchando por domesticar el jardín y, si pudiera, una cultura mediterránea a la que le encantaría inyectar un poquito más de seriedad.
    — Imagina que sales de casa y puedes andar solo hasta el Retiro porque hay un muro en todas partes. Imagina que tu familia vive al otro lado de Atocha y allí hay una vida totalmente diferente, con colas, con policías que te ponen espejos bajo el coche para pasar a verlos. Era muy, muy extraño.
    En el Berlín dividido vivió en 1989, en un territorio en el que un superviviente del imperio coexistía con el revolucionario que lo derribó; o un don nadie del nazismo se había convertido en héroe del comunismo.

    Palabra de Nooteboom

    Marcado por su niñez en una Holanda ocupada, el autor reflexiona en sus obras sobre el pasado y su relación con el presente. Y eso, el tiempo, es el plato estrella de Noticias de Berlín.Algunas citas:
    El tiempo: "Nadie sabía qué era el tiempo, y aunque a todos los relojes del mundo se les diera forma circular, el tiempo seguía avanzando en línea recta, y el hombre no podía evitar un vértigo mortal al pensar que esa línea pudiera tener un final".
    La memoria: "Si uno tuviese que acordarse de todo, reventaría. Sencillamente no hay sitio para ello. El olvido es una medicina, y hay que tomarla a tiempo".
    El pasado: "Nunca se había sentido muy cómodo en el ahora, dado que, por su forma de ser, no podía evitar ver siempre ese ahora coloreado y determinado por el pasado. La mayoría de la gente parecía poder vivir perfectamente sin tener que pensar en un pasado, y países enteros, si resultaba conveniente, parecían capaces de olvidarse de su pasado con una facilidad pasmosa".
    La guerra y el sentido de escribir: "La guerra es un caos que después, engañosamente, parece orden. Mi juventud fue un caos en busca de la claridad que, para mí, solamente se podía encontrar en la escritura. Esto es algo que se tarda mucho en descubrir. El caos crea forasteros. Los forasteros tienen que inventarse sus propios mundos para sobrevivir, el caos del yo en medio del ordenado mundo de los otros".
    La historia como poesía: "La rima es un concepto de poesía, pero tiene para mí, probablemente por analogía, otro significado: unos acontecimientos que reflejan otros acontecimientos, a veces también formas de justicia histórica, confirmaciones de un presentimiento profético, un alivio casi metafísico de ver que la historia no solo está cambiando de curso, sino dando un viraje radical y buscando su opuesto".
    — Había cuatro pasados a la vez. Y al otro lado, además, democracia. Es imposible que quien ha vivido todo eso lo digiera con normalidad. Recuerdo que yo estaba en pro de la unificación mientras mis amigos de Berlín estaban acostumbrados a una posición claustrofóbica de lujo. En una situación así, las culpabilizaciones son cruzadas, además hay divisiones regionales y más neonazismo en el Este. Es un país complicado, pero en general lo han hecho muy bien.
    Tras la caída del Muro se sintió forastero en Berlín y cuando va aún busca involuntariamente las marcas de esa Atocha que se han ido borrando de la ciudad. Le sorprendió el ansia de lavadoras y coches que se escondía tras la búsqueda de libertad. Pero también la fortaleza, la entereza para asimilar el pasado.
    —¿Le ha decepcionado la naturaleza humana?
    — El materialismo se veía en todo el Este, eso existe, es la condición general. Pero también estaban obsesionados consigo mismos. Después de una etapa de imposibilidad del duelo, ha habido un momento en que los hijos han dicho a sus padres: "¿Qué has hecho tú en la guerra?". Y ha habido un cambio muy profundo, de cierta manera al otro extremo, muy protestante, lo que los japoneses nunca han hecho. En Japón los criminales de guerra eran héroes; en Alemania es diferente, siempre hay otro desaparecido, otra historia que investigar. En Alemania el tema siempre vuelve.
    — Habla de esa Alemania escondida que necesita restituirse. ¿Cree que se ha restituido Alemania? ¿Lo ha hecho bien?
    — Creo que sí y han encontrado muy buenas personas para hacerlo, gente como Angela Merkel o Joachim Gauck; gente que no tiene ninguna sospecha como aquí, donde son unos corruptos en cierta manera. El gran misterio es por qué pasó todo eso, porque también ellos deben reconocer que eran alemanes los que han hecho todo eso, no lo comprenden y se sienten culpables. Pero por otro lado han trabajado, han ganado la guerra en cierta manera. Para los ingleses es muy difícil digerirlo porque Alemania es un país completamente destruido que empieza de nuevo con nada y ¡arriba!
    — Su libro critica a Alemania por intentar mirar al Sur con esa superioridad de quien necesita imponerles unas reglas.
    — Han tenido siempre una idea muy nostálgica del Sur, se ve en Holderlin o en Goethe con su viaje italiano… El Sur era un ideal, pero en cierta manera esta Europa ha sido decepcionada en la práctica por los griegos, los españoles e italianos.
    —¿Con razón?
    —Sí, creo que con razón también, sí. La clave está en la ética protestante nórdica y una manera de vivir en el Sur que es diferente, y esto es como el carácter de los hijos que salen diferentes, no lo puedes evitar. Creo que los alemanes deberían adoptar un poco del carácter sureño, y los sureños, un poco del carácter estricto alemán.
    En su discurso, como en su obra, vuelven las rimas de la historia. Nooteboom tenía 22 o 23 años cuando dos amigos fotógrafos le llamaron una noche: "Hay revolución en Budapest, vamos". Y se fue con ellos. Allí revivió las imágenes de asesinatos y guerra que recordaba de niño. “La gente nos preguntaba: ‘¿Cuándo vienen ustedes a ayudarnos?’. Pero yo sabía que nunca. Y esta ha sido una experiencia fundamental para mí, absolutamente. He visto el horror del comunismo y lo que puede hacer este sistema al final. Y 30 años después he visto también el fin del sistema, he cerrado el círculo. Ves un extremo y el otro. Y fuera de ese espíritu hay una idea europea, pero ahora la idea de Europa en este momento está en peligro".
    — ¿Y qué la ha puesto en peligro?
    — No los alemanes. Lo que la ha puesto en peligro primero es la gente estúpida que hay en todas partes, también en Holanda. Pero también los problemas económicos, y los problemas económicos del Norte vienen parcialmente del Sur, esto es innegable, por eso algunos prefieren seguir el camino solos.
    — Ha hablado de 1939, 1956, 1989. ¿En qué rima estamos ahora de la historia? ¿Estamos en medio de un tsunami?
    —Estamos en medio de muchos tsunamis: el del idealismo, el del proceso económico, pero creo que no debo abrir la boca porque no soy economista.

    Es mucho mejor escribir que hablar; solo puedo formular las cosas cuando escribo
    Y ríe o sonríe, como muchas veces a lo largo de un encuentro en que insiste en que él no es un especialista, en que elabora mejor escribiendo que hablando, y en que salta de un idioma a otro como ese ciudadano europeo que se ha esforzado por acercarse a todos y entender.
    —¿Tsunami de idealismo?
    — Sí, sí, eso existe, pero también están las cifras. Yo no soy economista y uno puede decir todos los ideales que tiene, pero hay problemas verdaderos que alguien tiene que solucionar, ellos o nosotros. Si los políticos no tienen el coraje de decir a la gente que debe sufrir, como los franceses, Francia no cambiará. Los alemanes lo han hecho, los holandeses lo hemos hecho, y los italianos dicen que quieren prorrogar todo eso. ¿Son los sacrificios necesarios o no? En Alemania y Holanda han decidido que sí y tengo muchos amigos sufriendo recortes, pero si otros países no pueden porque tienen miedo de las elecciones próximas o no hay coraje... estos son los problemas verdaderos de Europa. Y por otro lado, si lo hacen y la gente está descontenta, elegirá Gobiernos mucho peores que querrán seguir adelante sin el Sur o sin el Este.
    — Dice en uno de los libros que si Europa se lo hubiera pensado tanto en la era del descubrimiento, no habría descubierto tanto.
    — Exacto, es esto.
    — ¿Cuál es el pecado de Europa entonces?, ¿pensar demasiado?
    — Demasiadas opiniones, también nos hemos acostumbrado a un cierto lujo, nadie quiere ser pobre, antes había mucha gente pobre… Soluciones no hay tantas, pero yo he viajado mucho por Asia y los japoneses no tienen estas posiciones ideológicas: actúan y trabajan. Para mí es patético ver a Rajoy en China, Cameron en China,Hollande en China… todos van allí en busca de contratos, los obtienen y vuelven a casa diciendo: "¡Tengo un contrato de tantos millones…!". Si Europa quiere ser algo debe ser unida. Los ingleses no conocen ni comprenden nada de los alemanes, los aragoneses son diferentes de los asturianos, y aquí las azafatas de Iberia no pueden pronunciar un inglés un poco correcto, nunca comprendo lo que dicen. Y cuando veo en Menorca huelgas contra el trilingüismo, qué tendrá de malo que los jóvenes aprendan un poco el inglés.
    — ¿Cómo aprendió español?
    — En la calle, como se puede ver por mi gramática [ríe]. Pero viajando, con camioneros, haciendo autoestop, esto se aprende así cuando uno quiere. Ahora pueden elegir, muchos eligen español… o chino. Son más pragmáticos… Con el catalán no se va muy lejos, pero esto no se puede decir en Cataluña [y ríe otra vez].
    Cierto que esta entrevista se celebra a propósito de la caída del Muro, pero el riesgo de perderse al escritor es más grave que el pecado de romper la coherencia de este suplemento dedicado al 25º aniversario, así que no teman, intentaremos no dejarle escapar.
    — ¿Cuál es el gran motor de su obra? ¿La perplejidad, la conexión con los demás?
    —Todo eso ha venido después. Yo empecé con completa inocencia, ¡puf!, me he sentado a la mesa y me ha salido un libro.

    Yo no puedo recordar que quisiera ser escritor, por qué me senté a una mesa para escribi
    — ¿Y por qué se sentó a la mesa entonces?
    — No hay nada sobre lo que mientan los escritores tanto como de la génesis. "Yo siempre quise ser un escritor…" [ríe y ridiculiza con el tono]. Yo no puedo recordar que quisiera ser escritor, por qué me senté a una mesa para escribir. Pero cuando acabé el primer capítulo de lo que fue Philip y los otros, fui a casa de un escritor que vivía en mi pueblo, llamé a la puerta y le pregunté: “¿Quiere usted leer esto?". Diez años más tarde nunca me habría atrevido, pero lo hice, lo leyó y me dijo: "Voy a pasar esto a una editorial". Lo hizo y me llamaron dos señoras: "Si sigue escribiendo este libro, le pagaremos 300 florines”. Así que terminé. Luego aparece el libro con tu nombre y ¡ya eres escritor! Un gran problema [ríe]. Es verdad. Después ya no sabía qué hacer.
    Por eso se embarcó hacia América Latina, eran los años cincuenta, y escribió historias de marineros y libros de viajes. También una novela en la que el protagonista, un escritor, no puede terminar su libro y se suicida. Antes le deja su manuscrito a otro escritor que no la logra terminar. “Nunca fue un éxito y no me extraña. Era patética, histérica, extraña [ríe], lo que quieras, pero importantísima en mi obra”.
    — Después, con una inteligencia posterior, yo he dicho: “A lo mejor le he matado para no matarme yo” [y vuelve a reír]. El caso es que después, durante 17 años, no he escrito ficción.
    — ¿Por qué 17 años sin ficción?
    — De nuevo: solamente se pueden decir cosas después.
    — Ahora, por ejemplo.
    — Hay que soportar el propio silencio. No estaba listo para hacerlo, tal vez había sido demasiado pronto para el primero, hay que saber esperar. De vez en cuando uno piensa: “Si mañana tengo un accidente de tráfico, no habrá más”. Pero eso no ocurrió y llegóRituales. De alguna forma he sabido que no tenía suficiente conocimiento del mundo, y eso se adquiere viajando. Y Berlín ha sido también una experiencia fundamental.
    — ¿Cuál es el motor entonces: la perplejidad, el asombro, el amor a la naturaleza humana, la búsqueda de comprensión? ¿Puede explicarlo el Cees de 81 años cuando mira atrás?
    En lugar de responder, Nooteboom cuenta divertido que pronto tendrá que hablar en la catedral de Aquisgrán y que está escribiendo las preguntas que dirigirá "a un dios griego desde la casa de otro dios", siguiendo así con Cartas a Poseidón (Siruela), su libro de reflexiones y dudas dirigidas a ese mito de los océanos que ha tenido que ver los pies de Jesucristo andando sobre el agua, sobre él. "Y le voy a preguntar, tuteándole: ‘¿Qué has sentido cuando has visto los pies del otro dios sobre el agua?’. ¡Y esto voy a leer en la catedral de Aquisgrán!". Además, cuenta, escribe sobre su jardín menorquín. "Voltaire dijo: ‘Hay que cultivar tu jardín’. Y al final de mi vida es lo que hago, pero yo le he dado la vuelta y he dicho: ‘Ahora es mi jardín el que me cultiva a mí".

    No hay nada sobre lo que mientan los escritores tanto como de la génesis. Yo no puedo recordar que quisiera
    ser escritor
    Le insinúo que no sé si me ha contestado. ¿Es la perplejidad, el asombro, la conexión?
    — Yo tengo un problema con las abstracciones.
    — En sus libros no.
    — No, por eso es mucho mejor escribir que hablar, todo eso es secundario, y solo puedo formular las cosas cuando escribo. La idea borgesiana de perplejidad ha sido muy importante para mí, sí. Pero hay dos maneras de ser perplejo: con agresión o con autenticidad.
    Todo está claro, pues.
    — Hay un momento en que Arthur Daane, el protagonista de El día de todas las almas, entra en monólogos de pensamiento libre cargados de angustia y él mismo se tiene que interrumpir y decir: "Tranquilo, Daane".
    — ¡Sí, sí! Es verdad.
    — Como es su alter ego…
    — Sí, siempre lo son.
    — Entiendo que también sufre esos monólogos de pensamiento que tiene que parar para parar la angustia.
    — Sí [parece que va a elaborar un poco la respuesta, pero se ríe, enigmático, y solo repite]. Sí. Ese es un libro importante que por ejemplo en EE UU ha caído como una piedra, esos no quieren saber, no. Es un libro europeo. Recuerdo una cita en una universidad de California que había comprado, trasladado y exhibido pedazos de muro y lo hacía en una ceremonia de colores ajena al significado trágico del Muro. No han comprendido nada, era tan ridículo. Esta divergencia fue para mí un símbolo de que los pueblos muchas veces no pueden comprenderse.
    — También a Arthur Daane le gustan las personas que llevan varias personas dentro. A los 81 años, ¿uno logra conciliar a todas las personas que lleva dentro?
    — Un poco más sí, sobre todo en mi jardín en Menorca, trabajando. Hemos estado cuatro meses y tenía un cierto miedo de entrar de nuevo en el mundo verdadero, en Menorca vivo aislado.
    — ¿Y qué tal va el jardín?
    — Me da problemas, porque un conde croata me plantó un árbol hace años y durante mucho tiempo yo estaba encantado, pero ahora tiene elefantiasis y me va a elevar el jardín, y caen frutos enormes que otros años no he visto, las raíces están encima de la tierra y son enormes, como patas de elefante, y amenaza una de las paredes de piedra. Este árbol lo va a reventar todo. ¡Eso son problemas que nunca tienes en Ámsterdam!
    — En Lluvia roja cuenta también sus problemas para domesticar su jardín. ¿Cees Nooteboom no ha logrado domesticarlo?
    — No, no. El año pasado teníamos una mariposa tan bella que parecía diseñada por Gucci, era fantástica, y resultó que nos llegó una alerta sobre ella. Ese ser tan bello es letal y ahora amenaza las palmeras que yo planté ahí hace 35 años y hay que inyectar un producto para matarla. Viene de Uruguay, es una inmigrante [ríe].
    — ¿Es una metáfora?
    — Se puede decir, sí.
    — En su infancia le costaban tanto las matemáticas, no las comprendía, y sustituyó la realidad que no comprendía por su propia realidad. ¿Cree que si hubiera comprendido las matemáticas y el orden lógico de las cosas no tendríamos escritor?
    — Es posible. Un día, al recibir un doctorado honoris causa en Bruselas, conté que la pesadilla recurrente que a mí me ha quitado el sueño toda la vida era el examen de matemáticas. Y he dicho: "Veo este día de doctorado como mi último día de escuela, nunca he visto una universidad ni nada, espero que este sea mi último día de escuela y se acaben por fin las pesadillas". Y se han acabado, nunca han vuelto. Pero me faltan las matemáticas.

    Aquí hay cosas muy viejas, resentimientos que no se ven en la vida cotidiana, pero que existen;
    no pueden con la ley de la memoria, no lo quieren ni ver
    — ¿Para qué?
    — Claridad. Esas son cosas que uno descubre solamente después. Yo creo que tengo una inteligencia suficiente para haber comprendido las matemáticas que se ofrecen en el colegio, pero me he cerrado, era una resistencia, y con un profesor más inteligente habría sido posible, creo. Pero me han dejado en mi pequeña estupidez
    — A cambio, tenemos un escritor.
    — Pero he sufrido mucho con la matemática.
    — ¿Le importa el reconocimiento, es importante para usted?
    — Sí, sí, sería imbécil si dijera que no me importa.
    — ¿Se puede convertir en algo enfermizo para un escritor? ¿Hasta qué punto ha sabido manejar el peligro del ego, la vanidad?
    — Un librero holandés me dijo ayer hablando sobre esto: la combinación de sentirse víctima y al mismo tiempo agredir es fatal. Hay ejemplos: el diario de Gombrowicz, que siempre buscaba el reconocimiento y estaba obsesionado por lo que los demás no habían visto o comprendido en él. Yo esa obsesión no la tengo.
    — España: usted ha visto la situación y recuerda cómo el paro de seis millones de trabajadores en Alemania desembocó en el nazismo. Los partidos grandes pierden apoyos mientras surgen movimientos como Podemos.
    — También pasa en Holanda. Los socialdemócratas holandeses caen, la izquierda que no es izquierda-izquierda gobierna con la derecha que no es derecha-derecha. La derecha se mantiene, pero la izquierda socialdemócrata que ha tenido el coraje de hacer las reformas necesarias va a sufrir. Pero no habrá una revolución.
    — ¿En España ve peligro?
    — No lo creo. Es cierto que aquí hay cosas muy viejas, resentimientos que no se ven en la vida cotidiana, pero que existen; aquí no pueden con la ley de la memoria, no lo quieren ni ver. También puede ser el carácter. Pero no hay la pobreza de antes de la Guerra Civil, la gente está distraída por el deporte, la televisión. Todo eso antes no existía. Y desempeña un papel.
    — Ha dicho que Alemania ha sabido digerir su pasado. ¿España ha sabido?
    — No.
    — ¿Y es necesario?
    — La psiquiatría nos enseña que hay que volver al pasado para descubrir lo que ha pasado. Hay muchas cosas pendientes, creo.
    — Usted vive entre el Norte y el Sur. ¿Qué le aporta el Norte y qué le aporta el Sur?
    — Nunca podría ser tan partidario como aquí, Holanda es un país de consensos, tengo un partido liberal que me interesa, pero no por ello creo que los demás son el diablo.
    — ¿Hay un muro norte-sur?
    — No, no. Los medios desempeñan un papel porque tienen que llenarse cada día y exageran. Y cuando hablo es también porque he leído mucha prensa, nunca somos completamente originales, pero hay algo diferente, y es que en Holanda cuando dicen mañana, es mañana. Y cuando llego a Menorca dicen: "La semana que viene, sí, sí…", y no llega. Existe también en el Norte, no hay respuestas sencillas, hay muchos lados de todo.
    Sencillas o no, son las suyas, las de un hombre de 81 años que sigue de aeropuerto en aeropuerto buscando dónde mirar. Tras acabar la sesión de fotos en el interior del Retiro y despedirnos, mira despistado alrededor y nos retiene con su pregunta final: "Un momento: ¿dónde estamos?". Tras explicárselo, muy animoso, escoge un rumbo decidido y dice: "Muy bien, adiós". Parece que hubiera activado una imaginaria brújula mental.