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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Borges / Perón


Farrell y Perón, 1945
 Jorge Luis Borges
PERÓN

Perón fue un nuevo rico, imitó de manera crasa y grotesca los rasgos menos admirables de la oligarquía ilustrada que simulaba combatir. En todo esto abundó la exageración característica del guarango. Inundó el territorio del país con imágenes suyas y de su mujer. Su mujer, cuyo cadáver y cuyo velatorio usó para fines publicitarios. La mayoría de la gente es tonta. A mí me repugna la idea de que una persona permita que le digan: “Perón, Perón, qué grande sos”. Ese tipo o está loco o es un imbécil. Perón era un chambón que no tenía programa y que no sabía qué hacer. Lo único que sí sabía era hacerse retratar y salir a los balcones de Plaza de Mayo para en sus discursos insultar a sus oyentes llamándolos “grasitas”.

Esteban Peicovich
El mundo según Borges, el palabrista
Bogotá, Icono, 2011.
Página 133



martes, 20 de diciembre de 2011

Borges / Perón no perdona


Borges por Huadi
 Jorge Luis Borges
PERÓN NO PERDONA

Yo estuve en contra del peronismo justamente porque era liberticida y de raíz fascista. Fíjese que Perón me persiguió porque yo era democrático, como se decía entonces. Jamás porque yo hubiera sido antiobrero o cosa parecida. Puso presas a mi madre y a mi hermana. No me pudo perdonar que cuando estaba en Norteamérica y me preguntaron por Perón, yo hubiese contestado: “No me interesan los millonarios”. Ni cuando me preguntaron por su mujer, yo hubiese respondido: “Tampoco me interesan las prostitutas”.

Esteban Peicovich
El mundo según Borges, el palabrista
Bogotá, Icono, 2011.



lunes, 19 de diciembre de 2011

Borges / Perón y el degollador

I
Ilustración de Pori Ferrer, 2007

Jorge Luis Borges
PERÓN Y EL DEGOLLADOR

¿El peronismo? Algo inverosímil. Nadie se acuerda de la quema de las iglesias, ni del asesinato de Juan Duarte, ejecutado por orden de Perón. Yo no puedo hablar con imparcialidad; mi madre, mi hermana y mi sobrino estuvieron en la cárcel. A mí me echaron de un puesto mínimo que ocupaba en una biblioteca de las afueras. Un detective me seguía a todos lados. Al final nos hicimos amigos y él me dijo: “Discúlpeme, Borges, pero yo tengo que ganarme la vida”. Entonces, para consolarlo, le conté que mi padre había conocido a un viejo soldado, degollador de oficio, degollador de oficio —un buen hombre que cumplía con su deber—, y procedía siempre de la misma manera. Los prisioneros estaban sentados en el suelo con las manos atadas a la espalda. El degollador se les acercaba, les daba una palmadita en el hombre y les decía: “Ánimo, amigo, más sufren las mujeres cuando paren”. Luego los degollaba rápidamente, de un solo tajo. Parece que era casi indoloro…  

Esteban Peicovich
El mundo según Borges, el palabrista
Bogotá, Icono, 2011.
Páginas 124 y 125