martes, 23 de junio de 2015

1965 fue el año más revolucionario de la música


Bob Dylan
¿Fue 1965 el año más revolucionario 
de la música?

Un libro relata la crónica de 12 meses en los que se compusieron grandes temas


    Portada del disco '(I can't get no) Satisfaction' de la banda The Rolling Stones.
    "No se podía encender la radio en 1965 sin escuchar un nuevo clásico", señala el periodista Andrew Grant Jackson, autor del libro 1965 The Most Revolucionary Year in Music, a propósito de la fecundidad creativa que cristalizó en una serie de intérpretes, músicos y géneros hace cincuenta años. Para Jackson, el año 1965 marca un momento crucial en la historia del rock, el soul y el jazz. 12 meses que convulsionaron el horizonte musical y abrieron la música popular a nuevas experiencias creativas. Una serie de álbumes, Rubber Soul (The Beatles), Highway 61 Revisited (Bob Dylan), Otis Blue / Otis Redding Sings Soul (Otis Redding), My Generation (The Who) y canciones epifánicas que acabaron escribiendo las nuevas cimas de la música pop.
    Tiempos de cambios y rupturas que, como relata Jackson, se enmarcaron en un gran frente de transformaciones sociales, de irrupción de nuevos modelos estéticos, protagonismo de la cultura juvenil, el peso de los medios de comunicación, la emergencia cada vez más visible de movimientos como el feminismo o de contestación a la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles, la irrupción de las drogas y la cultura hippie... Un año, como también se encarga de recordar el autor, en el que la segregación racial seguía muy presente y en 12 Estados americanos continuaba prohibido el matrimonio interracial. O ser homosexual podría conducirte a una terapia de choque y sesiones de electrochoque, como le había sucedido a un adolescente llamado Lewis Allen Reed, para la música, Lou Reed.


    Portada del libro '1965 The Most Revolutionary Year in Music'.
    Basta con echar una ojeada al Top Hits de las listas americanas de ese año y algunos de sus números destinados a convertirse en himnos de la década de los sesenta: (I Can’t Get No) Satisfaction (The Rolling Stones); Mr. Tambourine Man ( The Byrds); Ticket To Ride, Yesterday  y Help (The Beatles); Help Me Rhonda (Beach Boys) o You’ve Lost That Lovin’Feelin, la épica neorromántica del dúo The Righteous Brothers en su máxima expresión orquestada por Phil Spector. Hasta un creador como Bob Dylan, ajeno a las vicisitudes de las listas de éxitos, consigue que su "interminable" —sobrepasando los seis minutos— Like A Rolling Stone permanezca dos semanas en el número dos de la clasificación. La canción "encrucijada" del cantautor como señala el escritor Greil Marcus (Like a Rolling Stones. Bob Dylan en la encrucijada. Global Rhythm) refleja ese nuevo escenario que estalló con la carga de dinamita suministrada por las bandas de rock británicas.
    No solo el rock ejerce de motor en esa explosión de creatividad. Elsoul, el jazz y la música country viven también sus propios big bang. El sello creado por Berry Gordy, la Tamla Motown, consigue abrir una brecha para los artistas negros en las listas de éxito capitalizadas por los intérpretes blancos. Ha sonado la hora del soul para disfrute sin distinción de razas ni barreras: The Supremes, The Four Tops, Smokey Robinson and The Miracles, The Temptations, mientras la televisión refleja las brutales cargas de la policía contra los manifestantes en las marchas en protesta por la segregación racial en los Estados del sur. En el otro extremo del dial de la música soul, el sello Stax, Otis Redding edita ese mismo año una de las joyas de la música negra contemporánea, el álbum Otis Blues / Otis Redding Sings Blues, que incluye futuros clásicos como Respect, I’ve Been Loving You Too Long o versiones irrebatibles de Satisfaction de los Stones o Wonderful World, del fallecido Sam Cooke.
    A principios de 1965 todavía no se han apagado los ritmos incendiarios que James Brown ha dejado a su paso por el The T.A.M.I Show, el festival juvenil retransmitido por la televisión y celebrado en el Santa Mónica Civic Auditorium de la ciudad de Los Ángeles. James Brown se sitúa en el año entrante como el alquimista de los futuros ritmos y caminos experimentales de la música negra: funk, música disco, hip-hop. Sus álbums Papa got a Brand New Bag y I Got You (I Feel Good) sirven de brújula. En otro territorio musical, el año 1965 será también el de la edición de uno de los trabajos más radicales e influyentes del jazz contemporáneo, A Love Supreme del saxofonista John Coltrane.

    El cantante James Brown.
    Frente a la invasión british de las listas americanas, The Beatles, The Rolling Stones, Herman’s Hermits, The Hollies, The Kinks, The Who —My Generation no alcanzará las mismas cotas que en las listas británicas— o una baladista de largo recorrido como Petula Clark, que se colaba en medio de la oleada pop-rock (Dowtown) la escena rock americana, con los Beach Boys en plena madurez artística, contraataca ese mismo año poniendo los cimientos del folk-rock. Bob Dylan ha agujereado el Festival de Newport con sus sonidos eléctricos y The Byrds, capitaneados por Roger McGuinn se llevan el gato al agua como abanderados de los nuevos ritmos promiscuos (Mr. Tambourine Man). Hasta un dúo extravagante como Sonny and Cher alcanzan el Everest musical con una composición de inequívocos ecos dylanianos, I Got You Babe.
    Ese mismo año, las listas de éxitos españolas se vestían de largo con los primeros éxitos pop a cargo de Los Brincos y Los Sirex. Una canción intranscendente, La chica ye-ye acabará convirtiéndose en un fenómeno social y sirviendo de vehículo —sin querer— a una generación juvenil que por primera vez dejaba de vestirse como sus padres; la canción de autor daba la bienvenida a un nuevo miembro y sensibilidad musical, Joan Manuel Serrat siguiendo los pasos de Raimon, y los dos conciertos de The Beatles en España, Madrid y Barcelona, ponían al franquismo al descubierto.



    lunes, 22 de junio de 2015

    Eugenio Montejo / Papiro amoroso




    Eugenio Montejo

    PAPIRO AMOROSO

    Déjame que te ame mientras gire la tierra
    y los astros inclinen sus cráneos azules
    sobre la rosa de los vientos.
    Flotando, a bordo de este día
    en que al azar, por un instante,
    despertamos tan cerca.
    Pude vivir en otro reino, en otro mundo,
    a muchas leguas de tus manos, de tu risa,
    en un planeta remoto, inalcanzable.
    Pude nacer hace ya siglos
    cuando en nada existías
    y en mis angustias de horizonte
    adivinarte en sueños de futuro,
    pero mis huesos a esta hora
    ya serían árboles o piedras.
    No fue ayer ni mañana, en otro tiempo,
    en otro espacio,
    ni ocurrirá ya nunca
    aunque la eternidad cargue sus dados
    a favor de mi suerte.
    Déjame que te ame mientras la tierra siga
    gravitando al compás de sus astros
    y en cada minuto nos asombre
    este frágil milagro de estar vivo.
    No me abandones hasta que ella se detenga.





    jueves, 18 de junio de 2015

    Eugenio Montejo / Letra profunda



    Eugenio Montejo

    Letra profunda

    Lo que escribí en el vientre de mi madre
    ante la luz desaparece.
    El sueño de mi letra antigua
    tatuado en espera del mundo
    se borró a la crecida del tiempo.
    Colores, tactos, huellas
    cayeron bajo túmulos de nieve.
    Sólo murmullos a deshora
    afloran hoy del fondo,
    visiones en eclipse, indescifrables
    que envuelve el vaho de los espejos.
    Los ojos buscan en el aire
    el espacio donde el alma flotaba
    y se pierden detrás de su senda.
    Lo que escribí en el vientre de mi madre
    quizás no fue sino una flor
    porque más hiere cuando desvanece.
    Una flor viva que no tiene recuerdo.




    miércoles, 4 de marzo de 2015

    Eugenio Montejo / La terredad de un pájaro es su canto





    Eugenio Montejo

    La terredad de un pájaro es su canto...

    La terredad de un pájaro es su canto,
    lo que en su pecho vuelve al mundo
    con los ecos de un coro invisible
    desde un bosque ya muerto.
    Su terredad es el sueño de encontrarse
    en los ausentes,
    de repetir hasta el final la melodía
    mientras crucen abiertas los aires
    sus alas pasajeras,
    aunque no sepa a quién le canta
    ni por qué,
    ni si podrá escucharse en otros algún día
    como cada minuto quiso ser:
    más inocente.
    Desde que nace nada ya lo aparta
    de su deber terrestre,
    trabaja al sol, procrea, busca sus migas
    y es sólo su voz lo que defiende
    porque en el tiempo no es un pájaro
    sino un rayo en la noche de su especie,
    una persecución sin tregua de la vida
    para que el canto permanezca.




    martes, 3 de marzo de 2015

    Eugenio Montejo / Hotel antiguo


    Fotografía de Peter Chadwick

    Eugenio Montejo

    Hotel antiguo

    Una mujer a solas se desnuda,
    pared por medio, en el hotel antiguo
    de esta ciudad remota donde duermo.

    Abren las sedas un rumor disperso
    que se mezcla al follaje
    de los helechos en el aire.

    Se oyen llaves que giran en un cofre,
    jadeos ahogados, prendas,
    la inocencia de gestos solitarios
    que beben los espejos.

    A su tiempo la noche se desnuda
    y las calles apiladas se doblan
    en un vasto ropaje
    con la fatiga de un final de fiesta.

    Una mujer a solas tras los muros,
    unos pasos, un oscuro deseo,
    hasta mí llega de otro mundo
    como alguien que he amado y que me habla
    desde un ataúd lleno de piedras.




    miércoles, 11 de febrero de 2015

    Stine Heilmann / Mundo vegetal

    Stine Heilmann, Calla Lilly Shoe

    © Stine Heilmann, Calla Lilly Shoe
    MUNDO VEGETAL
    by Stine Heilmann

    El fotógrafo danés Stine Heilmann empezó bien: fue asistente de Mary Ellen Mark, Annie Leibovitz, Richard Avedon e Irving Penn, grandes fotógrafos. En otras palabras, sabía para donde iba. "Es mi inspiración de cada día", dijo de Irving Penn, su maestro y amigo.

    Entre 1994 y 1995 hizo una serie de fotografías maravillosas que denominó "Botanic couture": zapatos, bolsos y sombreros de flores y vegetales. Mezcló dos mundos e hizo de las hadas y las mujeres un solo cuento. Fascinación, magia y delicadeza son términos que le pertenecen por entero.

    No sé cuántas mujeres se atreverán a salir a la calle con sus inventos y ni siquiera sé si los ha puesto en venta. En todo caso, Stine Heilmann nos presenta un mundo propio, un bello y delicado sueño, y sabemos que un sueño así vale la pena.


    Shoes

    Stine Heilmann, Leek Shoe
    © Stine Heilmann, Leek Shoe
    Stine Heilmann, Berry Shoe
    © Stine Heilmann, Berry Shoe
    Stine Heilmann, Fall Shoe
    © Stine Heilmann, Fall Shoe

    Stine Heilmann, The Wandering Jew Shoe
    © Stine Heilmann, The Wandering Jew Shoe
    Stine Heilmann, Tulip Shoe
    © Stine Heilmann, Tulip Shoe



    © Stine Heilmann, Hyacint Bag
    Stine Heilmann, Christmas Flower Shoe
    © Stine Heilmann, Christmas Flower Shoe
    Stine Heilmann, Hyacint Bag

    Stine Heilmann, Winter Botanic Beauty
    © Stine Heilmann, Winter Botanic Beauty
    Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    © Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    © Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    © Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    © Stine Heilmann, Botanic Couture Flower Beauty
    Stine Heilmann, Botanic Couture Flower and Food Beauty
    © Stine Heilmann, Botanic Couture Flower and Food Beauty
    Stine Heilmann, Botanic Couture Flower and Food Beauty
    © Stine Heilmann, Botanic Couture Flower and Food Beauty
    Stine Heilmann, Botanic Couture Flower and Food Beauty
    © Stine Heilmann, Botanic Couture Flower and Food Beauty




    martes, 10 de febrero de 2015

    Natalie Portman / El éxito no es algo que te llene o te complete

    Natalie Portman
    Foto de Mark Abrahams

    Natalie Portman

    “El éxito no es algo que te llene o te complete”

    La actriz habla de su carrera tras el estreno de 'Knight of cups' en la Berlinale



      La actriz Natalie Portman, retratada en Berlín. / GETTY

      Dice que Terrence Malick llevaba años en lo más alto de su panteón personal. Cuando estudiaba Psicología en Harvard, Natalie Portman (Jerusalén, 1981) descubrió una película llamada Días del cielo. “Me fascinó. Ha sido mi favorita desde entonces”, recordaba ayer en una suite de su hotel berlinés, a la que se presentó con sonrisa indeleble y ganas de conversar. Hace diez años, la actriz se atrevió a pedir una cita a ese cineasta esquivo que había marcado sus años universitarios. “Aceptó conocerme y seguimos en contacto varios años, hasta que me llamó y me propuso esta película”.
      El resultado se titula Knight of cupsy ha dejado a la Berlinale dividida entre el aplauso y el bostezo, entre quienes ven en ella un superfluo monólogo interior con la misma carga metafísica que un anuncio de perfume y los que creen que condensa nuestro merodeo existencial en un par de horas de increíble belleza. Portman forma parte, decididamente, de los segundos. “Cada director es distinto, pero todos los rodajes se parecen. Primero te peinan y te maquillan. Luego ensayas mientras preparan las luces. Y después ruedas tres tomas, o un millar si el director es David Fincher”, bromea la actriz, “Malick te recuerda que no existen las normas. En sus películas no hay focos ni marcas en el suelo. Su único objetivo es abrazar lo fortuito y capturar algo bello cada día. Si se pone a llover, rueda bajo la lluvia. Si pasa un helicóptero, lo integra en la película. Si ve volar un pájaro, lo filma durante una hora”.
      En esta cinta lírica y sin argumento definido, un hombre en plena crisis existencial —un Christian Bale taciturno y doliente— recuerda, una por una, las relaciones que han marcado su vida. Entre ellas figura el personaje de Portman, una mujer casada con la que pondrá fin a una larga racha de aventuras con modelos y strippers. “La película resume la experiencia del hombre moderno, que busca algo sin saber qué es. A un nivel u otro, todos nos podemos identificar con eso”, afirma la actriz.
      La experiencia descrita es universal, pero no parece casualidad que Malick la haya ubicado en Los Ángeles. Ni tampoco que su protagonista alcance la gloria en la meca del cine. Cuando se afina el oído, se escucha recitar El progreso del peregrino, superventas del siglo XVII firmado por John Bunyan, un predicador puritano que consiguió un enorme éxito entre los primeros colonos del Nuevo Mundo.

      Malick te recuerda que no existen las normas, su fin es abrazar lo fortuito”
      ¿Qué habrá sucedido para que la lejana utopía de los padres fundadores se haya convertido en una ostentosa bacanal en una mansión hollywoodiense? “Es un lugar al que todo el mundo llega con un sueño, con un deseo puro que a veces se transforma en una búsqueda de cosas vacías, como el dinero, la fama o la atención ajena”, reinterpreta Portman. “Ya decíaSaul Bellow que, si levantáramos el país por el lado derecho, todo lo que no está sólidamente arraigado terminaría en Los Ángeles”.
      Portman conoce bien el mundo que esboza la película. Lleva actuando desde los 12 años, cuando debutó en El profesional (Léon). “Cuando empiezas tan joven, se te acaba curtiendo la piel. Estás acostumbrada a escuchar tantos piropos desmedidos como horrores sobre tu persona. Al final, acabas por no creerte nada”, asegura la actriz, que se hizo con el Oscar en 2011 por su papel en Cisne negro. “Fue bonito, pero al día siguiente regresé a la vida real”, sostiene. “Cuando alcanzas lo que los demás definen como éxito, confiando en que todo será genial cuando lo consigas, te das cuenta de que nada cambiará. No es algo que te llene o te complete, lo que para muchos resulta desconcertante. Esa plenitud la encuentras en otras cosas. Ya sabe, esos clichés…”. Obligada a precisar cuáles, agrega: “La hallas en tu relación con tus amigos y familiares. Pero también con los extraños. Tu forma de interactuar con un desconocido resulta clave”.
      Los personajes de Malick se encuentran a la deriva. Buscan consuelo en el amor, en los excesos nocturnos, en la oración religiosa y las cartas del tarot. Se buscan sin encontrarse, se refugian en la vida familiar y se clavan tenedores en la piel para poder sentir algo. Portman parece más centrada que todos ellos juntos. En los últimos cinco años, se ha casado, ha tenido un hijo y se ha mudado a Francia, donde su pareja, el coreógrafo Benjamin Millepied, dirige la Ópera de París. “Todo ha cambiado tan rápido que me he dado cuenta de que no puedo controlar el futuro. Lo mejor es vivir el instante, guiarte por tus pasiones y estar abierto a lo que pueda suceder”, concluye la actriz antes de desaparecer. “Igual que en una película de Malick”.