martes, 4 de marzo de 2014

Antoni Tàpies / Works I

Antoni Tapies, Creu I R, 1975
Antoni Tàpies
Creu I R, 
1975
 
165.5 x 162.5 cm
Mixed Media on wood
Antoni Tàpies
WORKS I

Biografía breve
Antoni Tàpies 
(Barcelona, 1923-2012)

Inicia sus tanteos artísticos durante la larga convalecencia de una grave enfermedad. La creciente dedicación al dibujo y a la pintura le empujan a abandonar los estudios universitarios. En la década de 1940 ya expone sus obras, de marcada personalidad, que lo destacan en la panorámica artística del momento. Es cofundador de la revista Dau al Set (1948). Influenciado por Miró y Klee incrementa entonces el factor iconográfico y la temática mágica. Poco a poco incorpora elementos geometrizantes y estudios de color que desembocan en un interés por la materia, el cual se traduce en telas de textura intensa y de grandes posibilidades expresivas y comunicativas. Con estas obras Tàpies logra, hacia mediados de los años cincuenta, el reconocimiento internacional. A partir de la década de los sesenta incorpora nuevos elementos iconográficos (signos de escritura, elementos antropomórficos, pisadas y signos que aluden a la realidad de Cataluña) y procedimientos técnicos (nuevas superficies, uso de objetos cotidianos y del barniz). El lenguaje pictórico de Tàpies ha evolucionado desde entonces y ha dado como resultado una creación plástica diversificada y productiva admirada alrededor del mundo.

Ha exhibido en el Museum of Modern Art y en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, en el Museum of Contemporary Art de Los Angeles, en el Institute of Contemporary Arts y en la Serpentine Gallery de Londres, en la Neue Nationalgalerie de Berlín y en la Kunsthaus de Zurich, en el Musée d’Art moderne de la Ville de Paris, en el Jeu de Paume y en el Centre Pompidou de París, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, en el Institut Valencià d’Art Modern de Valencia y en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona, entre muchos otros.

Paralelamente a su actividad artística, Antoni Tàpies ha desarrollado una labor de escritor que ha dado lugar a diversas publicaciones: La pràctica de l’art (La práctica del arte, 1970), L’art contra l’estètica (El arte contra la estética, 1974), Memòria personal (Memoria personal, 1977), La realitat com a art (La realidad como arte, 1982), Per un art modern i progressista (Por un arte moderno y progresista, 1985), Valor de l’art (Valor del arte, 1993) y L’art i els seus llocs (El arte y sus lugares, 1999).

Antoni Tàpies creó la Fundació Antoni Tàpies en el 1984 con el objetivo de promover el estudio y el conocimiento del arte contemporáneo, poniendo especial atención en el análisis de su papel en la formación de la conciencia del hombre moderno.
1957 Grey and Green Painting oil, epoxy resin, marble dust on canvas


1958 Gran Pintura oil & sand on canvas


1958 Grey Ochre oil, epoxy resin, marble dust on canvas


1959 Croix sur gris XCVIII mixed media on canvas laid on board


1959 Grey Relief on Black latex paint & marble dust on canvas


1960 Grey between Brackets oil & mixed media on board


1961 Gris Violacé aux Rides mixed media on canvas


1961 Relieve negro perorado mixed media on canvas


1962 Ocre côn trazos negros superores mixed media on canvas


1963 Large Matter with Lateral Papers mixed media


1964 Pintura mixed media on canvas


1968 Journal lithograph


1968 L'Enveloppe lithograph


1973 Foll lithograph


1974 Cartes per la Teresa (472) lithograph & collage


1975 L'arc etching & opaque white


1975 Llambrec Material lithograph


1976 Negre i roig III, Fora etching


lunes, 3 de marzo de 2014

El Guggenheim celebra los 80 exuberantes años de Cy Twombly

Dos cuadros de la serie de Cy Twombly Nueve discursos sobre Cómodo, en el Guggenheim. SANTOS CIRILOS. C.

El Guggenheim celebra 

los 80 exuberantes años de Cy Twombly

El museo bilbaíno traza una semblanza del misterioso pintor estadounidense


Tenía 35 años. Se movía en el grupo de Jasper Johns y Robert Rauschenberg, pero le encantaba la vida en los países mediterráneos y, sobre todo, quedarse al margen del bullicio artístico de Nueva York, de los expresionistas abstractos y de la irrupción del pop art. Cy Twombly (Lexington, Virginia, 1928) pintó Nueve discursos sobre Cómodo, una serie unida por el fondo gris de sus nueve lienzos, recién instalado en Roma, un exilio que la crítica estadounidense no entendió. Hasta el punto de que su obra quedó relegada durante décadas en Estados Unidos aunque fuera apreciada por los coleccionistas europeos.

La muestra gira en torno a una obra adquirida por 21,5 millones de euros
A principios de 2007 el Museo Guggenheim Bilbao compró aquella serie de 1963 por 21,5 millones de euros, la adquisición más cara de la colección. Para arropar esa compra, el centro artístico bilbaíno la presenta ahora rodeada de pinturas y esculturas que Twombly ha realizado a lo largo de toda su carrera, desde sus comienzos en Nueva York en los cincuenta hasta los cuadros que han salido en los últimos años de su estudio de Gaeta, en Italia. "Es el contexto de Nueve discursos sobre Cómodo, una obra que supone un momento crucial, el punto álgido de su madurez", explica la comisaria de la exposición, Carmen Giménez. "Una pintura como fuegos artificiales".

Nueve discursos sobre Cómodo fue presentada en la galería Leo Castelli, en Nueva York. El desprecio de la crítica no impidió que fuera adquirida por un coleccionista, y a lo largo de cuatro décadas sólo fue expuesta al público en una ocasión antes de que la comprara el Guggenheim. Twombly, un entusiasta de la mitología, fascinado por la Historia antigua, pintó la serie inspirado por el emperador romano Cómodo, un tirano que acabó asesinado. La serie, convertida con el paso del tiempo en viga maestra de la carrera de su autor, se muestra en una sala de paredes curvas que hacen destacar el color y la unidad del conjunto.
El Guggenheim presenta la exposición como la celebración del 80 cumpleaños de Twombly, que el artista observa en la distancia, porque no concede entrevistas ni acude a conferencias de prensa. Trabaja en silencio, sin ayudantes. Sus fotografías son escasas y tomadas tiempo atrás por personas de su círculo más cercano. "Sólo quiere que se vea su obra", asegura Giménez.


Antes de llegar a la explosión de color de sus pinturas romanas, Twombly había pasado por caminos más austeros. La exposición arranca con obras pintadas con menos de 30 años que recuerdan a Dubuffet. Buscaba entonces inspiración en largos viajes, como el que realizó a Marruecos acompañado por Rauschenberg, y empezaba a tomar contacto, recuerda Giménez, con países como Afganistán e Irán, "fundamentales en el desarrollo de su obra".
El color estalla en la obra de Twombly ya en territorio mediterráneo. "Es la fuerza que le da Italia", asegura la comisaria. "Empieza a usar una vibrante paleta con una energía barroca, una pintura sensual". De aquello años felices en Roma procede Ferragosto (1961), la primera serie concebida por Twombly, antecedente directo de Nueve discursos...


Giménez cree que el rechazo de la crítica al viaje de Twombly abrió una crisis en él, que se puede identificar en las pinturas cercanas a propuestas minimalistas, con grandes lienzos de fondo negro en los que recupera el uso de trazos simples, así como en otras obras con paisajes bucólicos. El color y la sensualidad volvieron a la pintura de Twombly años más tarde, como lo demuestran Las cuatro estaciones (1993-1994) y los lienzos de gran formato inspirados por flores que cierran la exposición, creados entre 2005 y 2007.
Twombly no ha puesto fronteras entre el dibujo y la pintura, pero si con la escultura, su faceta más desconocida. Giménez indica que Giacometti es la principal referencia del Twombly escultor, a pesar de que no ha abordado la figura humana. En cada pieza, obras frágiles, de pequeño formato en su inmensa mayoria, "está la mano del artista".



domingo, 2 de marzo de 2014

Cy Twombly / Nueve discursos sobre cómodo

Cy Twombly

 

Nueve discursos 
sobre Cómodo










 

A mediados de la década de 1950, cuando trabajaba como criptógrafo del ejército estadounidense, Cy Twombly desarrolló su estilo característico de rayas, garabatos y líneas frenéticas de tipo grafiti que hacen referencia al estilo pictórico dominante del momento, el Expresionismo Abstracto, a la vez que lo subvierten. Tras trasladarse definitivamente a Roma en 1957, la libertad gestual del Expresionismo Abstracto se ve compensada y limitada por el peso de la historia. A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, Twombly realizó una serie de obras que muestran su profunda fascinación por la historia de Italia, y por la mitología y literatura clásicas.
Entre 1962 y 1963, las pinturas de Twombly y sus referentes históricos adquirieron un tono mucho más sombrío y angustiado, ya que Twombly tomó como punto de partida una serie de asesinatos históricos, un giro que quizá reflejaba el ánimo pesimista de principios de la década de 1960, cuando se vivió la crisis de los misiles en Cuba y el asesinato del Presidente John F. Kennedy. Creado en el invierno de 1963, el ciclo de pinturas Nueve discursos sobre Cómodosirve de resumen de esta etapa angustiosa y excepcional de su carrera artística. El ciclo se basa en la crueldad, locura y asesinato final del emperador romano Aurelio Cómodo (161–192 d.C.). El conflicto, la oposición y la tensión dominan la composición de las pinturas. Dos espirales de materia constituyen el núcleo central de cada pieza, que varía en estado de ánimo, desde las estructuras serenas y similares a las nubes hasta las heridas sangrantes que culminan en una exaltada apoteosis en el panel final. A pesar de la intrínseca estética de caos e inestabilidad de las pinturas, una estructura muy controlada domina su composición. El fondo gris actúa como espacio negativo que compensa los remolinos sangrientos de la pintura y las costras de impasto coagulado. Sobre este telón de fondo neutro, la línea que recorre la mitad de las pinturas sirve de marca orientativa para subdividir la composición. Muchas de las pinturas de la serie Cómodo también presentan secuencias numéricas que suelen articular las cuadrículas, gráficos y ejes geométricos que forman el esqueleto de las pinturas.

Esta serie fue expuesta por primera vez en la Galería Leo Castelli de Nueva York en marzo de 1964 y apareció ante un público americano que aún era esclavo del Pop Art y el Minimalismo. En este contexto, las pinturas esotéricas y desordenadas de la serie Cómodo de Twombly parecían estar completamente fuera de lugar y anticuadas. Eran objeto de críticas feroces que aludían principalmente a la ausencia de Twombly de la escena artística neoyorquina, insinuando su abandono de Estados Unidos y transmitiendo el mensaje subliminal, claramente chovinista, de que estas pinturas habían sido importadas de "la vieja Europa". Dado que dependen intrínsecamente de la narrativa y la secuencia, tampoco ayudó el hecho de que fueran instaladas en un orden confuso en la Galería Castelli, dejando su trayectoria completa indescifrable.

Tras esta ignominia, todos los Cómodo (no se vendió ninguno) se devolvieron a Italia, al exilio. La controversia sobre las pinturas y sus secuelas tuvieron consecuencias transcendentales tanto en la pintura como en la carrera de Twombly: disminuyó su producción durante los dos años siguientes y, tal vez, actuaran como catalizadores para el consiguiente cambio de rumbo que comenzó con la serie de Pinturas "grises". No fue hasta los veranos de los años 1977 y 1978, mientras se preparaba su retrospectiva en el Whitney Museum of American Art, cuando Twombly creó otro conjunto histórico: Cincuenta días en Iliam(Fifty Days at Iliam). Cuando se abrió la retrospectiva en el Whitney en 1979, era solo la segunda vez que se exponían las pinturas de Cómodo.

Ha hecho falta que pasaran muchos años para que quede patente el verdadero impacto de los Cómodo. Hoy en día, distanciada de las rivalidades y debates de la década de 1960, la solidez del arte pictórico de Twombly ya no está oscurecida por aquellas polémicas. Los Cómodo—vistos anteriormente como periféricos y aberrantes por sus coetáneos— parecen ocupar ahora una singular posición central en la historia de la pintura de posguerra.

Fuente: Nicholas Cullinan, "Cy Twombly", en Colección del Museo Guggenheim Bilbao, Guggenheim Bilbao Museoa, TF Editores, Bilbao/Madrid, 2009.





Como Twombly, no sin pesadumbre imagino el silencio y la soledad, me alzo en rebelión, con los dedos cortados mancho de sangre las paredes del templo de la indulgencia, devuelvo el trigo y el vino, voy y vengo, voy.

 

Hasta aquí.

 

Cese la poesía y la mentira de los artistas subvencionados a quince céntimos la letra, a tanto la rima, a cuanto la inspiración en la voz, el seco golpe del martillo, el quejido, el rasguear de una guitarra, los garabatos a real, los lamidos se recompensan con una firma.


Cese el oficio de una mano extendida y un poema retorcido en la otra, nómadas de la conjetura, ventajistas jugadores del verbo, amantes de Dante aborrecidos por políticos ansiolíticos con rostro de pez que lo mismo te ponen el laurel que te birlan la cartera, innoble oficio de ofidios voluntarios.


Con un gorro de piel de orgullo indago entre las muñecas descabezadas sobre los escombros, ruinas en la periferia, aldeas arrasadas bajo las aguas de presas rotas, un campamento de supersticiosos, un crepúsculo pintado entre los árboles, Twombly interpretando a Cómodo desde tan lejos que no hay gladiadores ni espadas que hieran la blanca piel del luchador.

La vanidad me impide pasar de largo, me paro aquí, hoy, ahora, te miro ¿qué?

Pedro Martínez
Bilbao, 31 de enero de 2013





sábado, 1 de marzo de 2014

Cy Twombly / Pintor proscrito

Cy Twombly pintor proscrito


Se apartó de Nueva York, centro neurálgico del arte en los años sesenta, y se trasladó a Roma. Con una manera de pintar a contracorriente, fue relegado de la escena. Ahora, el Museo del Prado, la Tate Modern y el Guggenheim Bilbao rinden homenaje a su arte en tres exposiciones.
Aunque siempre tuvo un exiguo y muy selecto círculo de adeptos, la mayoría europeos y, en especial, italianos, alemanes y suizos, lo cierto es que el estadounidense Cy Twombly (Lexington, Virginia, 1928), al que todo parecía sonreír al comienzo de su carrera artística, a principios de la década de 1950, fue sucesivamente amonestado, despreciado y, finalmente, descartado. Este progresivo hundimiento del prometedor artista virginiano se produjo desde donde ya entonces se ejercía el control crítico mundial: Estados Unidos, su país natal, que, justo por aquellos años en los que Twombly iniciaba su trayectoria artística, había convertido Nueva York en la capital internacional de la vanguardia.
En Europa, desde 1980, se inició la campaña de reivindicación de su arte, hoy admirado universalmente
Su forma de rascar los estratos temporales como si la historia fuera un constante palimpsesto estremeció el arte
Colega, amigo y compañero de Robert Rauschenberg y Jaspers Johns, Cy Twombly cursó estudios en los centros heráldicos de la vanguardia americana, como el Art Students League de Nueva York o Black Mountain College de Carolina del Norte, y sus primeros pasos fueron seguidos con interés por la crítica neoyorquina, pero, tras un largo periplo europeo y norteafricano iniciado en 1952, empezó a tomar decisiones, como ahora se estila decir, "políticamente incorrectas", la menor de las cuales, tras casarse con una italiana, Tatiana Franchetti, fue la de instalarse a vivir y a trabajar en Roma el año 1959. Aunque en aquellos años de la década de 1950 todavía no era extraño que un joven inquieto americano hiciera su tour por Europa y otros lugares antiguos, de fuerte carga simbólica y exótica, desperdigados por el norte de África u Oriente Próximo, nadie consideraba que por allí un artista de vanguardia pudiera encontrar otra cosa que recreativos gozos arqueológicos, y, aún menos, que montase su carrera en la aún devastada Italia de posguerra, donde lo único que despertaba atención internacional, salvo precisamente en Norteamérica, era el cine neorrealista o cierta literatura. En cualquier caso: en absoluto lo que entonces se seguía llamando artes plásticas.
A pesar de los pesares, Cy Twombly mantuvo durante un tiempo cierto crédito en Nueva York, pero la creciente reticencia devino implacable furia a partir de la exposición de su serie titulada Discourse on Commodus (1963), exhibida en la galería Leo Castelli de Nueva York, en 1964, la cual concitó el unánime rechazo de críticos de arte y artistas, todos embebidos por el pop arty el minimal, que estaban en las antípodas de la exuberancia pictórica barroca donde se estaba zambullendo Twombly desde aproximadamente 1961. Ya antes, a fines de 1950, había cundido la alarma ante sus rudimentariamente sutiles caligrafías, sobre todo, porque revelaban cierta influencia de informalistas franceses, como Wols o Michaux, o vetustos proscritos como Mark Tobey. Es verdad que desde antes Twombly había combinado su admiración por los nuevos maestros americanos del expresionismo abstracto, como Pollock, Gorky, Kline, Motherwell o De Kooning, con la de viejos maestros de la vanguardia histórica europea, como Corinth, Soutine, Kokoschka, Beckmann o Klee, pero esta efervescencia pictoricista de comienzos de los sesenta, cuando se había establecido que la única posibilidad de la pintura era la mental y mecanizada, rasgó muchas vestiduras. Sea como sea, y sin entrar en más detalles, el estrago americano contra Twombly fue tan intenso y duradero que todavía se dejó sentir con motivo de su gran retrospectiva en el MoMA de Nueva York en 1994. Por lo demás, teniendo en cuenta que la mayoría de los europeos también siguieron con afable docilidad las consignas del tinglado neoyorquino, tampoco se puede decir que Twombly hallara durante mucho tiempo un refugio crítico en el viejo continente, si bien hay que reconocer que fue aquí donde, desde comienzos de 1980, se inició la campaña de reivindicación de su arte, hoy admirado universalmente. Pero ¿por qué se produjo este progresivo cambio en la fortuna crítica de Twombly? ¿Fue acaso porque, durante los ochenta, el floreciente negocio del arte actual decidió aupar la "reaccionaria" pero nunca suficientemente enterrada pintura, como muchos dictaminaron y dictaminan? De haber sido así, no se comprende que ese negocio artístico haya seguido floreciendo, incluso con un incremento casi soez, con toda clase de productos visuales y virtuales. Por mi parte, yo pienso que influyó más en el citado cambio de actitud ante Twombly y ante otros artistas, prematuramente jubilado, fueran o no pintores, la crisis de una concepción lineal y dogmática de la vanguardia, tras la cual no sólo hubo que revisar valores, sino repensar muchas cosas, demasiadas, que se habían dejado arbitrariamente fuera, estrechando el panorama hasta lo insustancial.
Que un artista no obtenga la aprobación de sus inmediatos contemporáneos no debe ser tomado como su descalificación, ni tampoco como ningún título de gloria, si bien es indudable que un auténtico creador, sea artista o escritor, lo es porque su ambición desborda el ridículo cauce de lo que llamamos actualidad. Por eso, al final, casi nunca es el artista el que debe rendir cuentas ante nosotros, sino nosotros respecto a él, porque nuestra incapacidad crítica o nuestra precipitación lo han elevado o rebajado excesivamente. Aplicada la lección a Twombly, la cuestión no es, en absoluto, por qué antes no era "famoso" y ahora lo es, sino por qué nuestros limitados prejuicios nos impidieron apreciar su caudal de invención o innovación. A mi juicio, por ejemplo, ha sido imperdonable que no se comprendiera lo que su obra, entre aproximadamente 1957 y 1965, tuvo de revolucionaria, en primer lugar, desde un punto de vista formal, expandiendo críticamente la pintura hasta casi el grafiti, cuando no revolviendo el discurso histórico, convencionalmente parcelado, lo cual estableció muy renovadores diálogos con el pasado, pero no para "continuarlo", sino para poner a prueba toda sedimentación histórica, incluida la de la actualidad. En este sentido, su forma de rascar los estratos temporales como si la historia fuera un constante palimpsesto cortocircuitó el arte con la misma violencia que lo hizo Lichtenstein, porque la arqueología de Twombly ha excavado la historia para poner en cueros la fragilidad de cualquier convención, incluida la moderna. No ha sido además poco al respecto el que Twombly opusiera al gestualismo físico de Pollock un gestualismo "anímico", ni que reintrodujera voces simbólicas enterradas cuando triunfaban estereotipados mensajes comerciales de masas. Podríamos seguir comentando otras muchas cosas del arriesgadamente apasionado talante poético de Twombly, cuya trayectoria abarca ya casi sesenta años de constante dedicación a la pintura, a la escultura y a la obra gráfica, pero obviamente no es éste el lugar para hacerlo con la extensión que se merece.
El caso es que, ahora mismo, este artista intempestivo, durante décadas descartado por la actualidad, es objeto de una constante celebración, como la que en este momento está en ciernes, con puntos de referencia tan prestigiosos y diversos como el Museo del Prado, la Tate Modern de Londres y el Museo Guggenheim de Bilbao. El primero de los citados porque exhibe, a partir del próximo jueves y hasta el 28 de septiembre, la serie titulada Lepanto,que Twombly realizó para la Bienal de Venecia de 2001 y que consta de 12 grandes lienzos, a través de los cuales no sólo se conmemora la histórica batalla contra el turco en 1571, hace 437 años, sino las obras del Prado que ayudaron a concebir al pintor americano este magno proyecto, pleno de resonancias de Tiziano, Tintoretto, Luca Cambiaso y Velázquez. El segundo, la Tate Modern, ha inaugurado anteayer una gran retrospectiva de Twombly,Cycles and Seasons, basada, sobre todo, en sus series y ciclos. Pero, por fin, a fines de octubre, el Museo Guggenheim de Bilbao, que hace poco dio una campanada internacional al adquirir la formidable e inicialmente incomprendida serie de Discourse on Commodus, mostrará otra muestra singular sobre algunos de los momentos cruciales de la trayectoria de Twombly. Evidentemente, no nos puede pasar desapercibido que dos de estas citas sean españolas, y que haya sido una española, Carmen Giménez -que trajo a nuestro país, en 1987, la primera retrospectiva de Twombly, con cuya presencia antes, en 1986, había formado el selecto conjunto de seis artistas de la exposición titulada Referencias. Un encuentro artístico en el tiempo, que sirvió como inauguración del entonces llamado Centro de Arte Reina Sofía-, partícipe en ambas, la del Prado y la de Bilbao, y, en particular, como comisaria de la del Guggenheim. -